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Tsunami

  • ¿Podría ocurrir un tsunami en España?

    Shutterstock / MAX79

     

    A primera hora de la tarde del 11 de marzo de 2011, un enorme terremoto de magnitud 9.0, el cuarto mayor registrado en la historia, agitó fuertemente la costa este de Japón, principalmente en la isla de Honshu. Pese a la formidable intensidad de la sacudida, que se prolongó durante seis minutos y liberó una energía de 500 megatones, los daños inmediatos fueron moderados gracias al modélico plan de prevención sísmica del país.

    Pero esa fue sólo la antesala del verdadero desastre. Unos 30 minutos después, el nivel del mar empezó a subir en el puerto de Miyako, ciudad de unos 50.000 habitantes situada 200 km al norte del epicentro. Las imágenes son hipnóticas. De entrada, nada parece particularmente grave. La subida, primero imperceptible y luego lenta, se prolonga durante varios minutos, arrastrando un número creciente de embarcaciones que golpean con fuerza los muros protectores del puerto, de 10 m de altura.

    Al otro lado del muro hay gente paseando que aparenta confianza y tranquilidad. Pero el nivel del agua sigue creciendo hasta que sobrepasa netamente los muros y la hipnosis da paso al estupor: una masa de agua oscura se precipita hacia el puerto y avanza tierra adentro, barriendo la ciudad y arrastrando embarcaciones, vehículos, edificaciones y todo lo que encuentra a su paso hasta unos 5 km de la costa. La devastación es absoluta.

     

    Imagen del tsunami. Fuente: Extreme Earth Disasters / YouTube.

     

    Consecuencias en Japón

    En la central nuclear de Fukushima Daiichi, unos 350 km al sur, el tsunami también rebasó los muros protectores, dañando gravemente cuatro reactores y provocando la mayor catástrofe nuclear desde Chernobyl.

    Las cifras oficiales indican que provocó cerca de 20.000 muertes y, cinco años después del terremoto, todavía había más de 220.000 personas desplazadas. Las pérdidas económicas se cifraron en 20.000 millones de euros, reduciéndose en medio punto porcentual el producto interior bruto del país.

    El impacto, pese a ser enorme, empalidece en comparación con el del tsunami del Índico ocasionado por el terremoto de Indonesia de 2004, de magnitud similar. En ese caso, el tsunami barrió un total de 14 países ribereños en las horas que siguieron al terremoto, causando más de 200.000 víctimas y una destrucción sin precedentes.

    Impactos de los tsunamis a nivel mundial

    Los tsunamis, especialmente los originados en zonas de convergencia (o subducción) entre placas tectónicas, como los de Japón e Indonesia, constituyen uno de los fenómenos naturales más mortíferos y destructivos.

    A nivel mundial, las pérdidas asociadas al impacto de los tsunamis son colosales: según la Oficina de Naciones Unidas para la Reducción del Riesgo de Desastres, entre 1998 y 2017 murieron más de 250.000 personas y las pérdidas económicas superaron los 240.000 millones de euros.

    Cabe destacar que, durante este tiempo, cerca del 10 % de las pérdidas económicas causadas por desastres se debieron a tsunamis. En promedio, cada tsunami ocurrido en los últimos 100 años ha causado cerca de 5.000 víctimas, superando con creces a cualquier otro desastre de origen natural.

    Actualmente, más de 700 millones de personas viven en zonas costeras e islas pequeñas, expuestas a eventos extremos relacionados con la subida del nivel del mar, inundaciones y tsunamis. Este número aumenta rápidamente y se estima que podría acercarse al 50 % de la población mundial hacia 2030. Afortunadamente, los grandes tsunamis como los mencionados no son frecuentes, y no todas las zonas costeras tienen el mismo riesgo de sufrir uno; ello depende del contexto geológico en que se encuentran.

    ¿Podría ocurrir un tsunami en España?

    En algunos lugares como España, sin embargo, impera una falsa sensación de seguridad. La falta de experiencias recientes, en una sociedad donde la inmediatez establece el orden de relevancia de los hechos, hace que este tipo de riesgos se consideren menores. Pero es una percepción engañosa: el mayor sismo conocido de la historia europea ocurrió en el golfo de Cádiz el Día de Todos los Santos de 1755.

    El denominado terremoto de Lisboa originó un tsunami que azotó violentamente las costas del suroeste de la península ibérica y el norte de África, provocando daños importantes en diversos puntos del Caribe, Norteamérica y Sudamérica. Se calcula que causó entre 20.000 y 50.000 muertes, e incitó un amplio y profundo debate tanto a nivel científico como político y filosófico.

    Aunque es poco probable dado el largo periodo de recurrencia entre grandes terremotos en la zona de convergencia entre las placas euroasiática y africana, no es descartable que un fenómeno similar pueda ocurrir próximamente. Asimismo, es factible que tsunamis menores, originados en las fallas tectónicas del margen norteafricano, impacten en la costa mediterránea en las próximas décadas.

    Sistemas de vigilancia y alerta

    La magnitud de los terremotos y su localización suelen ser buenos indicadores de su potencial para generar tsunamis destructivos. En base a la experiencia, se considera que los sismos de magnitud superior a 7,5 con epicentro en el mar son susceptibles de generar un tsunami, mientras que la probabilidad decae rápidamente para los de magnitud inferior. La disponibilidad inmediata de este tipo de información en caso de ocurrencia de sismos y su incorporación en los sistemas de vigilancia y alerta temprana es clave para la toma de decisiones y la mitigación del riesgo asociado.

    Otro elemento importante en el diseño de sistemas de alerta eficientes es el conocimiento y caracterización adecuada de las estructuras geológicas causantes de los sismos, es decir, las fallas tectónicas.

    De hecho, un modelo conceptual propuesto por investigadores del Institut de Ciències del Mar (ICM-CSIC) muestra que un parámetro clave para determinar el potencial tsunamigénico de cualquier terremoto es la rigidez de las rocas que rodean la falla tectónica, es decir, su propensión a deformarse cuando se aplica un esfuerzo.

    Para una magnitud determinada, la deformación del subsuelo marino y, por tanto, el potencial para generar un tsunami, aumenta a medida que disminuye la rigidez. Así, terremotos de magnitud moderada pueden generar tsunamis si la ruptura alcanza profundidades someras, donde hay rocas de baja rigidez.

    Un estudio reciente muestra que este es, efectivamente, el caso de diversos terremotos que, pese a tener magnitudes moderadas, han provocado tsunamis destructivos. Un ejemplo es el terremoto de Nicaragua de 1992, que originó un tsunami de unos 10 m que barrió la costa del país llevándose la vida de 170 personas y dejando sin hogar a más de 13.500. En este caso, la baja rigidez de las rocas en la zona de ruptura permite reproducir no solo la deformación del suelo marino que generó el tsunami, sino también la larga duración del fenómeno y la intensidad moderada del movimiento sísmico asociado.

    En su conjunto, estos trabajos revelan la vital importancia de identificar y caracterizar mediante estudios geofísicos detallados la geometría y las propiedades elásticas de las estructuras geológicas susceptibles de generar terremotos submarinos e incorporar la información en simulaciones numéricas.

    Estos resultados abren las puertas a combinar las características mencionadas, como por ejemplo la intensidad de las vibraciones y su duración, para mejorar los sistemas de alerta de tsunamis a escala mundial, incluyendo la zona del golfo de Cádiz y el Mediterráneo occidental, donde hay un registro histórico de terremotos y tsunamis devastadores.

     

    Publicado el 23 de diciembre de 2021 en . Enlace al original: https://bit.ly/3ERzYXe

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    Valentí Sallarès Casas ha recibido ayudas en forma de proyectos de investigación de la Agencia Española de Investigación (AEI).

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  • El reciente tsunami que afectó a Tonga, a consecuencia de una erupción volcánica, pone de manifiesto el riesgo climático agudo al que están sometidas algunas islas

    A view of a beach and debris following volcanic eruption and tsunami, in Nuku'alofa, Tonga January 18, 2022 in this picture obtained from social media on January 19, 2022.  Courtesy of Marian Kupu/Broadcom Broadcasting FM87.5/via REUTERS

    Vistas de una playa y restos tras la erupción volcánica y tsunami, en Nuku'alofa, Tonga, 18 de enero de 2022. Imágenes obtenidas de las redes sociales el 19 de enero de 2022. Cortesía de Marian Kupu/Broadcom Broadcasting FM87.5/vía REUTERS

     

    A view of a beach and debris following volcanic eruption and tsunami, in Nuku'alofa, Tonga January 18, 2022 in this picture obtained from social media on January 19, 2022.  Courtesy of Marian Kupu/Broadcom Broadcasting FM87.5/via REUTERS

     

    SINGAPUR, 20 ene (Reuters) - Para la nación insular de Tonga, en el Pacífico Sur, el tsunami desatado por la erupción volcánica del sábado puso al descubierto algunas de las formas en que el cambio climático amenaza la existencia misma de las islas.

    Al aumentar las temperaturas y elevarse los niveles del mar, el cambio climático probablemente empeorará los desastres provocados por tsunamis, marejadas ciclónicas y olas de calor, según los expertos.

    Muy consciente de este riesgo, Tonga ha sido una voz clave que representa a las naciones vulnerables al clima, y ​​dijo en las conversaciones sobre el clima de la ONU en noviembre que el calentamiento global "más allá del umbral de 1,5 ºC significaría una catástrofe absoluta para Tonga" y otras islas del Pacífico, ya que están asimiladas prácticamente, por el mar.

    Su petición de acción climática global es especialmente desesperada, dado que las naciones insulares del Pacífico representan solo el 0,03% de las emisiones globales de carbono, según el Banco Mundial.

    "Si bien somos resistentes y tratamos de adaptarnos, solo se necesitan unos pocos metros adicionales de agua para cubrir una casa, matar a un niño o una familia", señaló Shairana Ali, directora ejecutiva de la organización benéfica internacional Save the Children, en la vecina Fiyi.

    MARES CRECIENTES

    Tonga informó que olas de hasta 15 metros se estrellaron contra la costa en sus islas exteriores después de la erupción volcánica, arrasando casas y matando al menos a tres personas. La erupción provocó alertas de tsunami en todo el Pacífico. Enlace con más información.

    A medida que el nivel del mar continúe aumentando en las próximas décadas, es probable que los tsunamis y las marejadas ciclónicas lleguen más tierra adentro con un riesgo aún mayor de daños.

    "La marejada de tsunami y la marejada ciclónica se asientan sobre el nivel del mar", dijo Benjamin Horton, quien ha estudiado el aumento global del nivel del mar y es jefe del Observatorio de la Tierra de Singapur. Entonces, con mares más altos, "no necesitarás desastres naturales tan grandes para causar una devastación generalizada".

    Los niveles del mar alrededor de la nación archipelágica de 105.000 personas están aumentando en aproximadamente 6 mm por año, casi el doble de la tasa global promedio, según el Sistema Global de Observación del Nivel del Mar de la ONU. Esto se debe a que las islas se encuentran en aguas más cálidas cerca del ecuador, donde el aumento del nivel del mar es más pronunciado que en los polos.

    El daño de los tsunamis y las marejadas ciclónicas no se refiere solo a la destrucción causada por las olas. El agua de mar que llega a la costa puede contaminar el suelo agrícola y dejarlo inservible durante años. Las olas del tsunami también exacerban la erosión costera y destruyen los amortiguadores naturales contra el aumento del nivel del mar, como los arrecifes de coral y los manglares.

    Con el cambio climático calentando la superficie del océano, tales marejadas ciclónicas son más probables ya que el agua caliente alimenta ciclones cada vez más poderosos. Tonga y los países vecinos fueron azotados por dos ciclones de categoría cinco en los últimos cuatro años, lo que provocó daños por valor de cientos de millones de dólares.

    TEMPERATURAS MÁS CÁLIDAS

    Las temperaturas de Tonga ya están aumentando, con una temperatura diaria promedio ahora 0,6 °C más alta que en 1979. La frecuencia de días calurosos y noches calurosas ha aumentado en todo el Pacífico.

    Es probable que el calentamiento continuo haga que el suelo se seque más, ya que las altas temperaturas provocan una mayor evaporación y afectan los patrones regionales de lluvia, según el Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático de la ONU.

    Es probable que el país experimente más olas de calor en las próximas décadas, con temperaturas que superan con frecuencia los 35 °C, según el informe. Ese calor extremo puede ser especialmente peligroso cuando se combina con la humedad tropical.

    Las aguas del mar también se están calentando, a un ritmo tres veces mayor que el promedio mundial, según muestran los datos de la Organización Meteorológica Mundial. Y las olas de calor marinas, que pueden matar peces y corales, son cada vez más frecuentes, más intensas y más duraderas en la mayor parte del Océano Pacífico.

    La propia Tonga vio cómo se formaba una gran gota de calor oceánico al sureste de sus islas en enero de 2020, con temperaturas superficiales del agua que registraron 6 grados centígrados por encima del promedio de ese mes.

    ¿RECONSTRUIR O CAMBIAR DE SITIO?

    Se espera que los habitantes de las islas del Pacífico se encuentren entre los primeros grupos de refugiados climáticos globales, ya que los efectos del cambio climático los expulsan de sus países de origen.

    "Tal vez eventualmente se llegue a eso. Pero espero que no", dijo Josephine Latu-Sanft, una tongana que ahora vive en Londres y trabaja como comunicadora climática. "La gente no quiere moverse".

    Los tonganos ya han reconstruido sus comunidades dos veces en los últimos años, después del ciclón Gita en 2018 y nuevamente después del ciclón Harold en 2020.

    "Los tonganos son muy resistentes" y se muestran reacios a abandonar las islas a pesar de los riesgos, comenta Latu-Sanft. “Hace siglos que vivimos allí. Nuestras raíces e identidad están en la tierra y en el mar”.

     

    Artículo publicado en  por  Kanupriya Kapoor y Gloria Dickie

     

  • Un potente terremoto de magnitud 8,1 provoca una alerta de tsunami en Nueva Zelanda y en Hawai

    5 - 7 minutos

    Tres terremotos importantes se han producido cerca de Nueva Zelanda con 6 horas de diferencia. Se ha emitido una alerta de tsunami para partes de Nueva Zelanda, mientras que el último terremoto, de 8,1 grados, también ha provocado una alerta de tsunami para Hawai.

    Al menos tres terremotos significativos sacudieron el suroeste del Pacífico en la mañana del viernes local, aumentando la preocupación por los tsunamis que se producirán. A continuación, se adjunta el sismógrafo de los tres terremotos (7,3, 7,4 y 8,1) de hoy, visibles en Rarotonga, Islas Cook, a unos 2500 km al noreste de los epicentros.

     La zona de actividad sísmica se conoce como Fosa de Kermadec. Una fosa oceánica lineal en el sur del Océano Pacífico.

    La Fosa de Kermadec se extiende unos 1000 km desde la cadena de montes submarinos de Louisville en el norte (26°S) hasta la meseta de Hikurangi en el sur (37°S), al noreste de la Isla Norte de Nueva Zelanda. Junto con la Fosa de Tonga, al norte, la Fosa de Kermadec forma el sistema de subducción Kermadec-Tonga, de 2.000 km de longitud y casi lineal.

    El terremoto de magnitud 8,1 se produjo a las 8:28:27 de la mañana, hora de Nueva Zelanda, del viernes 5 de marzo (= 2:28 EST o 19:28 UTC del jueves).