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desarrollo sostenible

  • No podremos alcanzar un desarrollo sostenible con unos océanos enfermos

      7 - 9 minutos

    En enero de 2021 comenzó la Década de las Ciencias Oceánicas para el Desarrollo Sostenible, proclamada por las Naciones Unidas y coordinada por la Comisión Oceanográfica Intergubernamental. Esta Década de los Océanos, que se extenderá hasta finales del 2030, tiene como objetivo central promover una gestión de los océanos y costas basada en el conocimiento científico, que haga de los océanos saludables uno de los pilares para el progreso de toda la humanidad.

    Bajo el lema “La ciencia que necesitamos para el océano que queremos”, la Década de los Océanos parte de la premisa de que las ciencias oceánicas deben impulsar la Agenda 2030 del Desarrollo Sostenible. Esto solo será posible mediante un proceso reflexivo, inclusivo y transformador: que surja del conocimiento científico e incorpore la participación de organizaciones gubernamentales y civiles, con un alcance transformador hacia toda la comunidad internacional y el propio planeta.

    En este artículo empezaré recordando el rol principal de los océanos como artífices de la vida planetaria y las posibilidades que el océano nos brinda como fuente de recursos sostenibles. Terminaré reflexionando, desde una perspectiva naturalista, sobre los principios de justicia social y evolución individual y colectiva que subyacen en el concepto de desarrollo sostenible.

    Este artículo forma parte de Oceans 21una serie de artículos sobre los océanos del mundo que nos llevan a explorar las antiguas rutas comerciales del océano Índico, la contaminación de plásticos en el Pacífico, la luz y la vida en el Ártico, la pesca en el Atlántico y la influencia del océano Antártico en el clima global. La red de colaboradores internacionales de The Conversation pone estos textos a su alcance.

    Los océanos: nuestro mayor recurso compartido

    Los océanos regulan la vida de nuestro planeta, tanto la de cada una de sus especies, incluida la humana, como la del propio planeta vivo. El 97 % del agua en la superficie del planeta, que es la base de la vida, se encuentra en los océanos. El exceso de evaporación oceánica aporta el 34 % del agua que precipita sobre los continentes, manteniendo por tanto la vida de los ecosistemas terrestres.

    Los océanos también son los principales artífices de la complejidad y resiliencia de nuestro planeta. Son los grandes repositorios y distribuidores de la energía solar, regulan los gases de tipo invernadero necesarios para el clima, y acumulan la mayor parte de los nutrientes y minerales que conforman el ciclo de la vida a escalas que van de años a milenios.

    Los océanos son, además, los grandes conectores planetarios, con el mismo rol de distribución de propiedades que tiene el sistema circulatorio de un ser vivo. Mantienen, a nivel global, un proceso continuo de producción primaria y remineralización de materia orgánica. Se trata de un ciclo que se reinicia cada año y que permite un funcionamiento homeostático optimizado que solo requiere energía solar.

    La resiliencia de los océanos los convierte también en los grandes reguladores del impacto antrópico planetario, que incluye tanto el cambio global como el cambio climático. Por cambio global entendemos los múltiples desajustes que experimenta la naturaleza, desde la escala local a la planetaria, como resultado de la contaminación, la degradación de los ecosistemas y la sobreexplotación de los recursos naturales.

    Por cambio climático de origen antrópico concebimos esencialmente el aumento de la temperatura del planeta causado por la emisión de gases invernadero, que resultan sobre todo de la utilización de combustibles fósiles. Este aumento de temperatura viene acompañado de cambios de patrones climáticos, la subida del nivel del mar y una mayor frecuencia de eventos meteorológicos extremos.

    Puesta de sol en la Cuenca de Canarias. Foto tomada a bordo del buque oceanográfico Sarmiento de Gamboa. Ignasi Vallès, Author provided

    Economía azul: marítima y sostenible

    Cambio global y cambio climático son las dos caras de una misma moneda: el impacto antrópico planetario que se ensaña con los colectivos más vulnerables. A la desigualdad en el acceso a unos niveles básicos de bienestar, muy evidente entre diferentes comunidades y regiones, se le suma la distinta capacidad para desarrollar medidas paliativas frente al impacto antrópico.

    Esta justicia social tan dispar contrasta con la visión del océano como un bien común. El océano no solo proporciona sus esenciales servicios ecosistémicos a todo el planeta, también es la mayor riqueza compartida de la humanidad, el principio rector de lo que ahora llamamos la economía azul. Una economía que no solo es un espacio físico de recursos minerales y posibilidades logísticas al servicio de todas las personas, es sobre todo un nuevo modo de pensar y actuar con la naturaleza.

    Estos recursos perdurables son la pesca sostenible y la acuicultura responsable, las energías renovables marinas y eólicas, el agua potable, los recursos marinos de origen animal o vegetal, y la biotecnología y recursos genéticos. Incluyen también las actividades que giran alrededor del entorno costero y marino, desde el turismo ecológico hasta el comercio de proximidad.

    A este patrimonio común se le suman los beneficios culturales, estéticos y de salud física y emocional que proporciona un entorno natural sostenible. Todo ello representa una oportunidad inigualable para que un sinnúmero de recursos sostenibles esté al alcance de todas las personas, comunidades y naciones.

    Pesca artesana en la playa de Pangandaran, Indonesia. La pesca representa el 17% de la proteína consumida a nivel global y excede el 50% en muchos de los países menos desarrollados. Azwari Nugraha, Author provided

    Des-enrollar en armonía

    El concepto de desarrollo sostenible a menudo va asociado a la idea de “uso” de los sistemas naturales para el bienestar de la humanidad. El término “sostenible” presupone una condición necesaria: el modo de empleo no debe alterar la estabilidad temporal del sistema. ¿Pero es esta condición suficiente? ¿Es la perspectiva utilitaria del planeta coherente con la sostenibilidad?

    Desde un punto de vista naturalista, la salud de cualquier organismo no es posible sin el desarrollo armónico de ese organismo con su ecosistema. Por tanto, aplicado a nuestra relación con el planeta, el concepto “uso” debería dar paso a la idea de “ser parte”. Este pensamiento surge del propio significado etimológico de la expresión “desarrollo sostenible”.

    Desarrollo viene de desenrollar, extraer algo que se guarda dentro (en inglés develop también viene del francés développerdes-envelopper). Por tanto, el desarrollo debe conllevar necesariamente un crecimiento interior, la evolución de una potencialidad ya existente o latente.

    Sostenible, por otro lado, no debe comportar la idea de un estado permanente e inmutable sino más bien el de una evolución dinámica y armoniosa. Se trata de mantener desde la base (sostenible: subs-tenere) un sistema homeostático y resiliente, organizado con un mínimo de entropía, que evoluciona hacia una mayor complejidad.

    Volver a la naturaleza

    La naturaleza, con los océanos como su componente principal y esencial, emerge como el mejor ejemplo de desarrollo sostenible. Nuestro reto como especie es formar parte de este desarrollo armónico planetario. La especie humana puede alcanzar su máxima evolución si se orienta hacia la inteligencia vital de nuestro planeta vivo.

    Escuchar y aprender de la naturaleza, formar parte de ella en lugar de poseerla. Nuestra individualidad no debe separarnos de nuestras comunidades y nuestras comunidades no deben separarse del planeta. Nuestras diferencias no nos llevan a competir, al contrario, nos complementan y aportan a la complejidad y resiliencia planetaria.

    Un grupo de delfines deslizándose plácidamente frente al buque oceanográfico Sarmiento de Gamboa en aguas del afloramiento del noroeste africano. Anna Oliver, Author provided

    Los objetivos del desarrollo sostenible no deben basarse en el uso utilitario de la naturaleza, ni siquiera si se trata de un uso sostenible. El enfoque debe ir encaminado a formar parte de la naturaleza en lugar de poseerla.

    Los objetivos del desarrollo sostenible son una oportunidad para que toda la humanidad, sin excepción, alcance unos derechos básicos de bienestar social, algo perfectamente posible con los recursos planetarios. Pero, sobre todo, los objetivos deben impulsarnos hacia una nueva fase en nuestra evolución como especie, hacia un crecimiento interior –individual y colectivo– en armonía con la naturaleza.

     

    Fuente: Oceanógrafo y profesor de investigación, actualmente director del centro, Instituto de Ciencias del Mar (ICM-CSIC)

    Cláusula de Divulgación: Josep Lluís Pelegrí Llopart recibe fondos del ayuntamiento de Barcelona, el Consejo Superior de Investigaciones Científicas, el Ministerio de Ciencia e Innovación de España y la Unión Europea.

  • Para que las energías renovables contribuyan al desarrollo rural deben involucrar a los vecinos

    Shutterstock / rtbilder

     

    Recientemente, además de las amenazas de la pandemia mundial y de la crisis de desabastecimiento, se han sumado la de la posible escasez de combustibles, el aumento del precio de la luz y un posible apagón a gran escala. Sólo imaginarnos un posible apagón eléctrico generalizado nos hace temblar, ya que prácticamente todo lo que usamos requiere de la energía eléctrica.

    Las cifras en España muestran que en el último año ha habido un cierto flujo de población hacia los pueblos y un descenso de población en las ciudades. Sin embargo, los datos a escala global muestran que la población está aumentando exponencialmente en los entornos urbanos, lo que implica un cambio no solo en el medio ambiente sino también en los recursos disponibles.

    De la misma manera, a pesar de que la demografía en Europa y Norteamérica está estancada, la población mundial crece de forma sostenida. En este contexto, además, es necesario considerar los efectos que esto acarreará en el cambio climático y la degradación del medio ambiente, lo que representa una amenaza para el futuro de las personas.

    Promover un cambio de modelo energético

    Todo apunta a que estamos en un momento histórico en el que más que nunca se hacen necesarios acuerdos internacionales. Dos ejemplos son el Pacto Verde Europeo y la Agenda 2030. Estos acuerdos son clave para promover cambios culturales y de conducta encaminados a reducir el consumo energético y favorecer cada vez más el empleo de las energías renovables.

    Sin embargo, alcanzar, tal y como se pone de manifiesto en las metas del objetivo de desarrollo sostenible número 7, un acceso universal a una energía asequible, fiable, moderna y no contaminante para el 2030 parece que no va a resultar nada sencillo. Según el Banco Mundial, a pesar de los avances realizados durante los últimos años para lograr las metas de los ODS, todavía 840 millones de personas no tienen acceso a la electricidad.

    Energías renovables y desarrollo sostenible

    A fecha de hoy, nadie duda de que el fomento de las energías renovables es una estrategia necesaria para lograr el desarrollo sostenible. Las energías renovables resultan fundamentales para garantizar la seguridad energética global, sin que ello conlleve un grave impacto en el medio ambiente ni en las necesidades de las generaciones futuras.

    Así, las Naciones Unidas han promovido históricamente el empleo de estas fuentes energéticas, dando cada vez más importancia a la promoción del uso y la producción de energía verde.

    Hace medio siglo, en 1972, se celebró en Estocolmo la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Humano y, por primera vez, se vinculó el uso de fuentes de energía renovables con el desarrollo sostenible. Desde entonces, la protección del medio ambiente y las energías renovables han sido parte integrante de la agenda de la comunidad internacional.

    Las renovables en el mundo rural

    Desde el punto de vista técnico-económico, las zonas rurales se encuentran en desventaja respecto a las áreas urbanas. Grandes áreas rurales no cuentan con conexión a la red eléctrica todavía. Otras que sí disponen de ella no suelen ser muy eficientes y su mejora no resulta rentable, por lo que salir de ese círculo resulta muy difícil.

    En este sentido, no se debe olvidar que no es lo mismo hablar de una zona rural en países desarrollados que en países en desarrollo. Aunque en el primer caso se cuente con menos infraestructuras que las grandes urbes, no existen las enormes dificultades de acceso a la tecnología y a la energía eléctrica que se dan en territorios menos favorecidos.

    Analizando esta problemática desde un punto de vista de nuevos negocios, la transición energética aparece como una oportunidad prometedora para el desarrollo económico de las zonas rurales. Sin embargo, no es evidente la relación entre las energías renovables y el desarrollo rural sostenible. Aunque se han publicado muchos informes que recogen casos en los que las energías renovables han ayudado al desarrollo rural, no se ha establecido una metodología que permita determinar en qué medida las inversiones en energías renovables han permitido el desarrollo de las zonas rurales.

    Proyectos energéticos comunitarios

    En función del tipo de proyecto de energías renovables, el impacto social y económico en el entorno en el que se ubica es diferente. Cuando los proyectos son grandes es más fácil que favorezcan el empleo local tanto durante la construcción como durante la operación y mantenimiento. No siempre es así en los proyectos más pequeños, puesto que no requieren tanta mano de obra.

    Por otro lado, es más fácil que se produzca un desarrollo rural cuando la propiedad de las energías renovables recae en una comunidad de vecinos. De ese modo, los ingresos pueden reinvertirse en iniciativas locales, de manera que estas contribuyan a la mejora social, económica y medioambiental de la propia comunidad rural.

    Los proyectos energéticos colectivos pueden estar promovidos tanto por entidades sin ánimo de lucro como por agrupaciones formadas por habitantes de la zona. Así mismo, los proyectos pueden ser simplemente para el autoconsumo o pueden ser instalaciones a mayor escala que se financian de forma colectiva.

    No obstante, el plan de copropiedad tiende a beneficiar a los individuos que pueden permitirse comprar acciones, y no siempre se cumple el retorno de estos beneficios en la comunidad. Por otro lado, es cierto que cuando se reinvierten las ganancias se crea un enorme beneficio social, se crean nuevas capacidades y habilidades en las personas que participan en estos proyectos, crece el espíritu comunitario, la identidad y cohesión, así como la autonomía de la comunidad.

    Claves para impulsar el desarrollo local

    Así, cuando las zonas rurales se enfrentan a su situación más desfavorable, bien porque sus industrias son obsoletas y están en declive, o bien porque son zonas aisladas, la inversión en energías renovables puede ser una oportunidad para el desarrollo. Una estrategia local clara para la implantación de energías renovables depende de la identificación de posibles ventajas tanto económicas como sociales y de la necesidad urgente de actuar.

    La propiedad y el control local de los proyectos de energías renovables pueden facilitar su aceptación y maximizar los beneficios locales, generando riqueza en entornos tradicionalmente empobrecidos.

    Asimismo, son las propias zonas rurales quienes deben identificar y aprovechar sus puntos fuertes, tanto en lo que respecta a los recursos renovables disponibles como al contexto económico local. Pero también es cierto que es necesaria una Administración que facilite los trámites, y aporte un marco jurídico y un apoyo estable en el tiempo.

    Por último, un elemento clave en el avance de este tipo de iniciativas son los propios pioneros a los que se les debe ayudar a compartir su experiencia. En este sentido, las ayudas a emprendedores y empresas que desean abrir nuevas líneas de negocio alrededor de las energías renovables son agentes clave para su implementación y explotación.

    De esta forma, los proyectos de energías renovables pueden contribuir al desarrollo global, pero deben incluir a las partes interesadas locales para que realmente se produzca un desarrollo rural sostenible.

     

    Publicado en The Conversation el 11 de enero de 2021. Enlace al artículo original: https://bit.ly/3HTQisc

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