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La biodiversidad de hace 450 años: lo que había y lo que hemos perdido

5 - 7 minutos

 Paisaje con fauna, detalle de El Jardín de las Delicias (Jerónimo Bosch, el Bosco, 1474–1516). Wikimedia Commons / Museo del Prado

En tiempos de Felipe II los paisajes eran muy diferentes de los actuales. Más de ochenta años después de la llegada de españoles a América no se cultivaba ninguna planta americana. Se desconocían aún las judías y se cultivaban lentejas, guisantes, habas y legumbres mediterráneas de los géneros Lathyrus (almorta) y Vicia (yeros), hoy de uso muy residual (prácticamente limitado a la almorta de las gachas manchegas).

Por aquel entonces, se cultivaban lino y cáñamo para los tejidos, zumaque para curtir pieles y se producía seda en muchos lugares. Las plagas de langosta eran eventos frecuentes, que daban lugar a terribles hambrunas.

La fauna de la época también nos parecería sorprendente en muchos aspectos.

Osos pardos representados en una miniatura de principios del siglo XV del Livre de la Chasse de Gaston Phébus. Wikimedia Commons / BNF

¿Cómo sabemos todo esto? La ecología histórica

La información sobre la fauna y la flora anterior a los años 1 950 es muy escasa, y prácticamente inexistente si nos remontamos a periodos previos a la Revolución Industrial. Pero hay soluciones para conocerla. Numerosos y diversos documentos históricos, desde descripciones geográficas hasta trámites administrativos, incluyen observaciones directas de fauna y flora.

Un equipo de biólogos de la conservación de la Estación Biológica de Doñana – CSIC desarrollamos una novedosa línea de trabajo en ecología histórica. Acabamos de hacer pública y libremente accesible una base de datos de observaciones de especies en la España del siglo XVI, basada en una iniciativa de la corte de Felipe II, las Relaciones Topográficas. La descripción de esta base de datos ha sido publicada en la revista Ecology.

“Interrogatorios” a personas inteligentes y curiosas

Las Relaciones Topográficas se concibieron para hacer una “descripción particular de los pueblos de estos reinos”. La información se recogió de forma sistemática, usando interrogatorios (hoy los llamaríamos cuestionarios) con preguntas sobre población, arquitectura, costumbres, religión, clima, salud y otras cuestiones. Todas las versiones de los interrogatorios (hubo al menos tres) contenían preguntas específicas sobre agricultura y recursos naturales, como la que pedía describir “qué monte y arboleda, y qué animales, cazas y salvaginas” había en la zona. Las instrucciones adjuntas a los interrogatorios especificaban que éstos debían ser respondidos por al menos dos habitantes de cada pueblo, que habían de ser “personas inteligentes y curiosas”.

Para nuestro trabajo pudimos revisar las relaciones de 628 pueblos, lo que nos permitió reunir más de 7 300 registros (menciones a la presencia de una especie en un lugar) de plantas y animales silvestres, cultivos y ganado, que hacen referencia al menos a 225 especies diferentes.

Localización de los 628 pueblos descritos por las Relaciones Topográficas y revisados por el equipo de la Estación Biológica de Doñana – CSIC. Author provided

Osos, linces ibéricos y los últimos encebros

Los animales más frecuentemente mencionados en las Relaciones eran los más relevantes como alimento en los pueblos, principalmente conejos, perdices y liebres. Los ungulados silvestres (ciervo, corzo, jabalí), cuya caza era en gran medida exclusiva de las clases privilegiadas, tenían distribuciones más restringidas que las actuales. Los pueblos cercanos a los principales cazaderos (por ejemplo, alrededor de El Pardo o Aranjuez) se quejaban de los daños que “las caças de Su Magestad” hacían en los panes (cereales). Estaba muy extendido el lobo y en todas las serranías había osos pardos, coexistiendo ambos con el lince ibérico.

Por la meseta sur galopaban aún los últimos grupos de encebros (o enzebras), el asno salvaje que dio nombre a las cebras africanas, y que fue la más durardera de las muchas especies de la megafauna europea extinguidas desde la última glaciación. Las relaciones de dos pueblos de Albacete incluyen los últimos testimonios directos de la presencia del encebro. La de Chinchilla de Montearagón dice que las encebras eran como “yeguas çenjzosas de color de pelo de rata un poco mohinas”, que “abja muchas y tantas que destruyan los panes y sembrados” y que “corrian tanto que no avia cavallo que las alcançase”.