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¿Podemos renunciar a la ganadería industrial?

 5 - 6 minutos

 Shutterstock / Dario Sabljak

Los alimentos de origen animal vuelven a estar de actualidad tras las declaraciones del ministro de Consumo de España en un medio británico. La preocupación de la sociedad civil europea por la contaminación de las llamadas “macrogranjas” ha llevado incluso a la creación de un ministerio específico en los Países Bajos.

Mientras tanto, formas ambientalmente muy favorables de ganadería, como la trashumancia, languidecen hasta su casi total desaparición.

Los consumidores y los votantes asisten confundidos a un baile de términos que no les permite distinguir entre sistemas más o menos sostenibles.

¿Son todas las granjas intensivas macrogranjas?

El primer problema que hay es la confusión de términos, “ganadería industrial” y “macrogranja”, por una parte, y “ganadería intensiva”, por otra.

Otros tipos de ganadería intensiva

La ganadería intensiva implica un modo de producción en el que los animales están confinados y no salen a pastar. Obviamente, la ganadería industrial de macrogranjas es un tipo de ganadería intensiva. Pero hay otros tipos de ganadería intensiva que no implican industrialización.

El caso más obvio son los prados de siega, donde se corta hierba en la misma finca y se le da de comer a las vacas lecheras estabuladas. El ejemplo más reconocible de este tipo de sistema en vacuno de leche en España se da de forma generalizada en Galicia, Cornisa Cantábrica y Navarra, donde, en muchos casos, al menos la mitad de la alimentación animal se produce en las tierras de la propia explotación