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Una de las grandes corrientes oceánicas se acelera: el calentamiento incrementa el deshielo

3 - 4 minutos

Imagen satelital tomada por la NASA a mediados de noviembre.

Imagen satelital tomada por la NASA a mediados de noviembre. NASA

Una nueva investigación relaciona el aumento en la velocidad de la corriente antártica con el aumento de temperaturas en el planeta.

El científico neerlandés Paul Crutzen, ganador del Premio Nobel de química en 1995, fue el primero en asegurar que vivimos en otra era, la del Antropoceno. El ser humano y su influencia sobre el planeta han creado toda una nueva época geológica. El cambio climático que está provocando el ser humano no da tregua y sus efectos llevan años notándose. Así lo apuntan todos los indicadores que maneja la comunidad científica internacional.

La Corriente Circumpolar Antártica (CCA), la única corriente oceánica que circunnavega el planeta, se ha acelerado. Así lo recoge una nueva investigación publicada en Nature Climate Change por investigadores de Scripps Institution of Oceanography en UC San Diego, Woods Hole Oceanographic Institution, la Academia China de Ciencias y UC Riverside.

Estos científicos llevan décadas estudiando sus fluctuaciones y, por primera vez, los resultados hallados son motivo de alarma: el calentamiento global no sólo está influyendo en el aumento de la temperatura de los océanos y en la normal velocidad de la masa ingente de agua que representa la Corriente Circumpolar Antártica, sino que ambos factores están, además, favoreciendo el deshielo de la Antártida.

Para entender lo que supone esta aceleración histórica en la CCA, antes hay que conocer su función: esta corriente rodea la Antártida y separa el agua fría en el sur del agua subtropical más cálida justo en el norte. Es precisamente esta parte más cálida del Océano Austral la que absorbe gran parte del calor que las actividades humanas están agregando a la atmósfera de la Tierra.

Por este motivo, los científicos consideran vital comprender su dinámica, ya que lo que allí ocurra podría influir en el clima en cualquier otro lugar.

En los últimos años, los vientos predominantes del oeste se han acelerado a la par que el clima se ha calentado. Los modelos diseñados por estos científicos muestran que esa aceleración del viento no cambia mucho las corrientes oceánicas. Más bien energiza los remolinos del océano, que son movimientos circulares del agua que corre en contra de las corrientes principales.

Como asegura Jia-Rui Shi, investigador postdoctoral en Woods Hole Oceanographic Institution, a partir de las observaciones y modelos, el cambio en la temperatura del océano está causando "la significativa aceleración de la corriente oceánica detectada durante las últimas décadas".

"Esta aceleración de la CCA, especialmente en el Frente Subantártico, facilita el intercambio de propiedades, como calor o carbono, entre las cuencas oceánicas y crea la oportunidad para que estas propiedades aumenten en las regiones subtropicales del subsuelo", cuenta Shi.

El patrón de calentamiento del océano es importante. Cuando aumenta el gradiente, o la cantidad de diferencia de calor, entre las aguas cálidas y frías, las corrientes entre esas dos masas se aceleran. "La CCA es impulsada principalmente por el viento, pero hemos demostrado que los cambios en su velocidad se deben sorprendentemente sobre todo a cambios en el gradiente de calor", asegura la coautora Lynne Talley, oceanógrafa física del Scripps Institution of Oceanography.

Para ello, los investigadores utilizaron mediciones satelitales de la altura de la superficie del mar y datos recopilados por la red global de flotadores oceánicos llamada Argo. El objetivo era detectar una tendencia en la velocidad de la capa superior del Océano Austral que había estado oculta a los científicos hasta ahora.

Los investigadores lanzan un flotador de Argo al oceáno. ISA ROSSO/SOCCOM

Según cuentan los autores de esta nueva investigación, los cambios de captura de datos a largo plazo en el Océano Austral eran difíciles de conseguir antes de la disponibilidad de instrumentos montados en satélites y la red Argo. Esa red de flotadores autónomos, que miden las condiciones del océano como la temperatura y la salinidad, comenzó en 1999 y alcanzó su capacidad máxima en 2007. 

No obstante, un complemento de 4.000 flotadores más a través de los océanos del mundo continúa recopilando datos hasta el día de hoy. De esta manera, los investigadores pudieron utilizar más de una década de datos completos de Argo para distinguir la tendencia de la corriente acelerada de la variabilidad natural.

Los resultados obtenidos en esta investigación no solo preocupa por la tendencia creciente de la velocidad de la CCA. Los coautores del estudio aseguraron que también es probable que la velocidad de la corriente aumente aún más a medida que el Océano Austral continúe absorbiendo el calor del calentamiento global inducido por el hombre. El equilibrio de todo el planeta, una vez más, vuelve a tambalearse. 

Fuente: Irene Asiaín