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Entonces, ¿es verdad que el clima está cambiando?

Las recientes y dramáticas inundaciones en el noroeste de Alemania y los países del Benelux han sido la última y más cercana de las anomalías meteorológicas que se vienen sucediendo en este recien comenzado verano de extremos, como lo ha denominado la Organización Meteorológica Mundial en una nota informativa. Como siempre en estos casos, la respuesta de los científicos del clima a la pregunta acerca de la atribución de cada uno de estos episodios extremos al cambio climático consiste en la realización de un estudio de atribución riguroso, que necesariamente requiere tiempo, lo que no quita que, con una perspectiva más amplia, podamos contemplar esta sucesión de eventos meteorológicos de alto impacto y sacar conclusiones. Imagen: Rhein-Erft municipality, a través de public.wmo.int

Las intensas precipitaciones han causado docenas de víctimas en Alemania. Si bien no es la primera vez que ocurre algo así (están documentadas graves inundaciones en 1910 y en 1804 en la Base de Datos Europea de Tiempo Adverso, ESWD, según informa @ThiloKuehne en este tuit), la cuestión es si este tipo de fenómenos meteorólogicos están siendo más frecuentes y más extremos.

Estudios de atribución

Es decir, se trata de separar la variabilidad climática natural de los efectos en nuestro clima provocados por el constatado calentamiento global antropogénico. Para ello, los estudios de atribución analizan la probabilidad de que un evento determinado pueda ocurrir en un clima no alterado, y la comparan con la probabilidad de su ocurrencia en la situación actual, con una atmósfera más cálida a causa del calentamiento provocado por las emisiones de gases de efecto invernadero.

El rápido análisis de la reciente ola de calor en Canadá demostró que la probabilidad de que lo sucedido en Canadá se produjese de forma natural es de una vez cada decenas de miles de años, es decir, podemos considerar prácticamente imposible su ocurrencia en un clima no alterado. Seguramente pronto sabremos, mediante un estudio equivalente, con qué probabilidad hubiera sido posible este episodio de lluvias torrenciales en un clima no afectado por la acción humana, aunque hay que advertir que la atribución al cambio climático de los episodios de frío y calor extremo se detecta mejor que la de episodios de precipitaciones extremas:

La habilidad para detectar la influencia del cambio climático en un evento extremo determinado (eje vertical) está muy relacionada con el conocimiento que se tiene sobre la influencia del calentamiento global en ese tipo de evento (eje horizontal). Gráfico original aquí

Análisis de tendencias en la ocurrencia de eventos extremos

Pero, como decíamos al principio, además del estudio de cada episodio por separado, se puede analizar también la sucesión de episodios de eventos extremos y detectar tendencias. Si nos centramos en las precipitaciones, en AEMETblog tenemos un excelente estudio de nuestro compañero Peio Oria de los registros de precipitaciones extremas en nuestra vertiente mediterránea que apunta a un aumento en frecuencia e intensificación de las situaciones que provocan lluvias muy fuertes o torrenciales y de extensión significativa en el conjunto del Mediterráneo español. En este otro estudio, el mismo autor analizaba las precipitaciones acumuladas durante la #BorrascaGloria que nos afectó en enero de 2020 para concluir que en términos de cantidades totales de precipitación, Gloria fue el evento más extremo en el conjunto del Mediterráneo en España. En dicho post el autor se refería también a un estudio1 que afirma que la ocurrencia de DANAs en el conjunto del planeta va en aumento:

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Evolución del número de DANAs en 500 hPa para el conjunto del continente europeo. Tomada de Muñoz, 2020

Otro experto en el análisis de las precipitaciones, nuestro compañero Sergi González, analizaba en este post las precipitaciones registradas en España en 2019 para concluir que fue un año excepcional en cuanto a la cantidad de episodios de precipitaciones extremas registradas, si bien nos recordaba también que los registros de precipitaciones extremas son escasos y “caprichosos” (en el sentido de que las precipitaciones intensas a nivel local no siempre caen donde haya un pluviómetro que las registre), por lo que es difícil sacar conclusiones a partir de los registros disponibles.

Y de nuevo Peio Oria hacía aquí un revelador análisis de la evolución de las distribuciones y tendencias de la precipitación en España en los últimos 50 años, que analizaba tanto las cantidades de precipitación de los días muy húmedos como el máximo número anual de días consecutivos sin precipitación, y mostraba tendencias como:

  • Un aumento en el promedio de la cantidad de precipitación diaria de los días muy húmedos en zonas del Mediterráneo (litoral peninsular y archipiélago balear), Pirineo y Prepirineo aragonés, gran parte de Andalucía y Extremadura y, de forma más local, en zonas del norte de Palencia y León y Canarias.
  • Una disminución en el promedio de la cantidad de precipitación diaria de los días muy húmedos en el interior de la Península, meseta norte y sur así como en la mayor parte del Cantábrico.

Y, en cuanto al número de días sin precipitación:

  • Un aumento notable de la duración de los periodos sin precipitaciones en muchas estaciones de la mitad sur de sur de la Península, muy especialmente en Andalucía y partes de Murcia (círculos grandes en colores rojos).
  • En buena parte del norte de la Península las tendencias son próximas a cero (colores verdes).
  • Ligera disminución de la duración de los periodos secos en el valle del Ebro, zonas del litoral mediterráneo y algunas estaciones del oeste de la Península.

En la misma linea, es altamente recomendable también el exhaustivo estudio de nuestro compañero Juan Andrés García dedicado al análisis de los datos de precipitación en la Cuenca del Segura a partir de los datos de AEMET en rejilla desde 1951. También este análisis detecta las tendencias comentadas para pcp intensas, rachas secas y número de días de pcp, a la escala de la Región de Murcia:

Número anual de días de precipitación en el período 1951-2019 en la DHS. La tendencia de la serie anual muestra una disminución significativa de 2.3 días/década

Impactos de las precipitaciones extremas

Pero las consecuencias de unas lluvias intensas dependen no sólo de la cantidad de precipitación, sino también de muchas circunstancias relacionadas con características naturales del terreno, urbanísticas, de planificación y de gestión. Como nos recuerda este hilo de @mitecogob, es esencial prepararse por adelantado:

 

En esta misma línea, señala el director del Laboratorio Europeo de Tormentas Fuertes, ESSL, que el elevado número de víctimas en Alemania, a pesar de que se habían activado correctamente los avisos de precipitaciones intensas, nos invita a recordar que, para que los avisos sean efectivos, hay una cadena de condiciones que no debe romperse:

 
  • El usuario debe recibir la información
  • El usuario debe entender la información
  • El usuario debe saber qué hacer con la información
  • El usuario debe creer la información
  • El usuario debe actuar de manera efectiva

Tiempo de actuar

Retomamos, para concluir, la pregunta que planteábamos en el titular: Entonces, ¿es verdad que el clima está cambiando? Todo apunta a que somos la primera generación que está viviendo un cambio en el clima en el espacio de una vida humana. La velocidad del cambio, vertiginosa a la escala de tiempo de la historia del planeta, no es, sin embargo, igual de evidente con la perspectiva de nuestra experiencia cotidiana. La experiencia subjetiva no es suficiente para calibrar la magnitud de lo que ocurre, y el bombardeo de informaciones diversas -que nos impactan tan fuertemente como rápidamente se olvidan- quizás nos aturde, nos angustia, o nos provoca rechazo.

Entonces, ¿qué debemos hacer? En el fondo, es muy sencillo: escuchar a la ciencia. La evidencia del calentamiento global, las advertencias del IPCC acerca de la importancia de frenarlo urgentemente, los datos acerca del distinto impacto que tendría en nuestra sociedad alcanzar distintos niveles de calentamiento -como estos que presentaba el servicio meteorológico británico hace tan sólo unos días- no dejan lugar a dudas:

 
Cada grado de más que permitamos que aumente la temperatura media global tendrá un impacto muy elevado en nuestra salud, en el transporte, en la disponibilidad de agua y de energía, en suma, en nuestra forma de vida

Del mismo modo que durante una pandemia como la actual las decisiones deben tomarse teniendo en cuenta los criterios sanitarios, nuestra sociedad debe escuchar las advertencias que desde hace décadas la comunidad científica está haciendo acerca del cambio en nuestro clima, y actuar en consecuencia, con la decisión y la celeridad que la emergencia climática requiere. Debemos cambiar nuestra forma de vida, porque, si no lo hacemos, el cambio será mucho más dramático y costoso. Este verano de extremos nos está mostrando las consecuencias, y el alto coste, de no haber actuado antes. Tenemos el cambio climático delante de los ojos, no esperemos, como en la fábula de la rana cocida, a que ya no seamos capaces de saltar.

1Cristian Muñoz, David M. Schultz, Geraint Vaughan (2020): A Midlatitude Climatology and Interannual Variability of 200- and 500-hPa Cut-Off Lows. December 2019, Journal of Climate 33(6)

Fuente:   Publicado el  por aemetblog Por Delia Gutiérrez Rubio, meteoróloga de AEMET