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Siete plantas para comprender a Darwin

8 -  10 minutos

En la primavera de 1831, una vez terminados los exámenes y obtenida la graduación en el Christ’s College de la Universidad de Cambridge, Charles Darwin leyó Viaje a las regiones equinocciales del Nuevo Continente, de Alexander von Humboldt (1769-1859). Aún no había recibido la invitación para embarcase en el Beagle, sin sueldo y como ayudante de recolección de muestras geológicas, paleontológicas, zoológicas y botánicas. Aún no sabía cómo su vida iba a ser, de algún modo, paralela a la del ya reconocido noble prusiano.

Ambos contravinieron la opinión paterna sobre lo que debía ser su educación y su actividad profesional. Ambos tuvieron infancias acomodadas y pudieron disfrutarlas en grandes espacios naturales. Ambos desarrollaron teorías e interpretaciones de la naturaleza que cambiaron la forma de entender el mundo y que dieron paso a las modernas disciplinas de la biología.

Darwin y Humboldt se embarcaron rumbo a América siendo muy jóvenes, sin haber cumplido los 30 años –Darwin con apenas 22–. Sus viajes hicieron la primera escala en islas de la Macaronesia (Tenerife, Humboldt; Cabo Verde, Darwin) y tuvieron una duración cercana a los cinco años.

Ambos dedicaron los siguientes 20 años a estudiar las notas y los materiales recolectados y apenas hicieron en ese tiempo otras exploraciones. No fueron grandes recolectores botánicos y reunieron poco más de mil especímenes secos después de sus largos periplos por territorios continentales e insulares. Ninguno de los dos estudió las plantas colectadas. Fueron otros botánicos los que dieron a conocer sus hallazgos y las especies descubiertas.

Aunque pueden ser más conocidos sus estudios sobre pinzones, percebes o fósiles de grandes vertebrados, Darwin investigó con detalle la diversidad y las adaptaciones de las plantas, que también fueron de gran importancia para el desarrollo de su obra sobre El origen de las especies.

Darwin jardinero

Darwin reconoce en la introducción de su libro The different forms of flowers on plants of the same species (1877) que debería haberlo escrito un “botánico reconocido, distinción que no me puedo atribuir”.

El naturalista británico no se dedicó a la identificación de las plantas ni se preocupó por describir las novedades botánicas que pudo encontrar en su recorrido americano. Sí se interesó, sin embargo, por cómo crecían y dedicó tiempo a cultivarlas y observar su desarrollo.

Desde esa faceta de jardinero, tan arraigada en la nobleza británica del siglo XIX, fue un colaborador habitual de la revista The Gardeners’ Chronicle, fundada en 1841 por algunos de los paisajistas y botánicos británicos más destacados del momento. En ella, publicó sus primeras contribuciones, antes de llevar sus más detallados estudios botánicos ante la Linnean Society.

A Darwin le preocupaban las adaptaciones de las plantas y, muy especialmente, su capacidad de movimiento, en unos seres vivos tenidos tantas veces por inmóviles.

El naturalista británico estudió el crecimiento de raíces y tallos, pero dedicó minuciosos estudios en el invernadero de su Down House al conocimiento de las fuerzas que permitían trepar a las lianas, atrapar insectos a las plantas carnívoras o trasladar el polen con eficacia, de una flor a otra, para garantizar la descendencia de la especie. Siempre con una mirada atenta a detectar los tránsitos evolutivos que llevaban de unas formas a otras, seleccionando siempre la mejor adaptación.

Como un observador minucioso, Darwin estudió el comportamiento de centenares de especies, en su mayoría exóticas y obtenidas en los jardines botánicos británicos, muchas en The Kew Gardens. Pero también desarrolló experiencias con las plantas silvestres que nacían espontáneamente en su finca de Downe, unos kilómetros al sur de Londres.

Muchas de las especies que observó Darwin se cultivan en el Jardí Botànic de la Universitat de València y, fácilmente, podemos seguir su desarrollo o comportamiento atendiendo las explicaciones del autor británico.

  1. Las trompetas de los ángeles

Las hojas de la trompeta de los ángeles, Maurandya barclayana, tiene peciolos sensibles, capaces de rizarse sobre ramas próximas. La vuelta en giro ascendente se completa en tres horas y 17 minutos, según Darwin. Jaime Güemes, Author provided

Sabemos por él que las hojas de la trompeta de los ángeles (Maurandya barclayana) tienen pecíolos sensibles capaces de rizarse sobre las ramas de las plantas próximas. Que ese giro, que las fija y les permite ascender sobre las plantas próximas, se completa en un tiempo de unas tres horas y diecisiete minutos.

  1. La parra de hoja de castaño

Las plantas trepadoras con zarcillos, como la parra de hoja de castaño, Tetrastigma voinierianum, son más eficientes trepando que las que se fijan mediante raicillas. Jaime Güemes, Author provided

Darwin también nos explica, y lo podemos observar en el invernadero tropical del Jardí Botànic, que las plantas trepadoras que desarrollan zarcillos, como la parra de hoja de castaño (Tetrastigma voinierianum), son más eficientes trepando que las que se fijan mediante raicillas, como el ficus trepador (Ficus pumila).

  1. El ficus trepador

La observación del ficus trepador, Ficus pumila, en el invernadero tropical permite comprobar explicaciones de Darwin sobre las trepadoras. Su peso hace que se desprenda de la pared y caiga, al contrario que las plantas con zarcillos. Jaime Güemes, Author provided

Una observación atenta a la pared que cierra el invernadero y por el que trepan ambas especies, nos permitirá comprobarlo. El peso del ficus hace que se desprenda de la pared y caiga al suelo, mientras que los zarcillos de la parra exploran todas las direcciones del espacio hasta encontrar un soporte al que fijarse.

  1. La vainilla

La vainilla, Vanilla planifolia, produce sus aromáticas vainas solo si es polinizada por insectos de las selvas tropicales originales de México. De lo contrario, se debe hacer una polinización manual. Darwin explicaba los porqués. Jaime Güemes, Author provided

En el invernadero de las orquídeas podremos ver florecer en primavera la vainilla (Vanilla planifolia), también una planta trepadora de tallos volubles, que giran en el aire sobre sí mismos y se aplican sobre los tallos que se interponen en su desarrollo. Pero Darwin nos expone, además, las razones por las que, sin los insectos propios de sus originales selvas tropicales de México, solo podamos hacerla fructificar, para obtener sus aromáticas vainas, después de una polinización manual.

  1. La orquídea de Darwin