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La ciencia avisa: el verano no dará tregua en la lucha contra el coronavirus

Un equipo científico integrado por investigadores de Universidad de Málaga (UMA) y Consejo Superior de Investigaciones Científicas (IRNAS - CSIC), liderado por el profesor Oliver Gutiérrez Hernández (Departamento de Geografía, Universidad de Málaga) ha revisado más de una treintena de trabajos científicos publicados a nivel mundial desde enero de 2020 sobre el efecto de las variables atmosféricas (principalmente, temperatura y humedad) en la propagación e incidencia del nuevo coronavirus (SARS CoV-2). Los resultados aparecen publicados en un artículo evaluado de forma anónima por tres científicos de la especialidad, que publica hoy la revista Investigaciones Geográficas (editada por el Instituto Interuniversitario de Geografía desde 1982, e indexada en Web of Science: ESCI; Scopus), y en que los autores llegan a la conclusión de que no existe evidencia científica sólida que respalde la afirmación de que el aumento de las temperaturas primaverales y, sobre todo, el inexorable aumento de las mismas durante el verano, pueda contribuir a limitar la progresión del SARS CoV-2 y la enfermedad asociada (COVID-19).

Distribución global de casos confirmados acumulados (actualizado a 22/05/2020)

Fuente: COVID-19 Dashboard by the Center for Systems Science and Engineering (CSSE) at Johns Hopkins University (JHU).

En principio, la mayor parte de ellas concluyen que existe cierta influencia del tiempo atmosférico y/o el clima en la distribución y el progreso de la COVID-19. En concreto, un ambiente fresco y seco, en el contexto de un clima mesotérmico, parece el más idóneo para la expansión del SARS CoV-2. Sin embargo, una proporción significativa de los estudios científicos revisados que concluyen que existe una influencia significativa de una o más variables climáticas en la incidencia de la enfermedad asociada al nuevo coronavirus presentan importantes deficiencias metodológicas que arrojan dudas sobre la validez de los resultados. Algunos alcanzan dicha conclusión sin considerar el efecto de factores importantes de otra naturaleza, como los relacionados con la movilidad de la población, su densidad o la conectividad geográfica en un contexto socioeconómico globalizado. “En el supuesto de que el tiempo y clima influyan de alguna manera en la distribución del nuevo coronavirus, buena parte de las investigaciones revisadas sugieren este efecto partiendo de principios imprecisos, un marco de análisis incompleto, unos métodos inadecuados y hasta, en no pocos casos, conclusiones contradictorias, de acuerdo con los resultados obtenidos”, sostienen.     

El hecho de que en condiciones controladas se haya demostrado que el SARS CoV-2 es sensible a las temperaturas que se alcanzan durante las estaciones más calurosas no supone que ello deba necesariamente deba tener una influencia detectable en la progresión de la enfermedad en ser humano. Tampoco la correlación negativa entre la temperatura del aire y la incidencia de la COVID-19 supone que exista un efecto directo de la temperatura. De hecho, no se ha logrado aislar un efecto claro genuino de la temperatura del aire (ni tampoco de la humedad) en la incidencia de la enfermedad, tras controlar el efecto de otras variables que se sabe que afectan a la propagación e incidencia de la enfermedad. “El que se observe una relación “estadísticamente significativa” entre temperatura y la incidencia de la COVID-19 no significa que exista una relación directa causa-efecto entre ambas variables. Dicha relación puede estar mediada por otros factores como, por ejemplo, la distribución, densidad y movilidad de la población, por lo que a partir de la omisión de estos y otros factores subyacentes, pueden derivarse asociaciones espurias”, afirman.

Además, los investigadores encontraron una serie de inconvenientes a la hora de evaluar la evidencia científica disponible. Por un lado, más del 70% de los trabajos revisados habían sido sometidos previamente a ningún proceso de revisión científica, lo que ha impedido, en algunos casos, determinar con exactitud cuáles han sido los conjuntos de datos utilizados y conocer los detalles necesarios sobre las metodologías empleadas para alcanzar los resultados en los que se basan las conclusiones de los mismos. Por otro, tanto en estos artículos no revisados, como en algunos trabajos sujetos a revisión por pares, se ha detectado una degradación de los estándares mínimos exigibles en la aplicación del método científico, especialmente en todo lo relacionado con una aplicación correcta de metodologías ad hoc para abordar la complejidad del problema. “La velocidad con que se publican los trabajos va en claro detrimento de su rigor, lo cual incrementa la incertidumbre sobre la fiabilidad de las conclusiones y redunda en un descrédito del trabajo científico”, afirman.

Un problema importante derivado de la publicación de informaciones que ponen el acento en la relación inversa entre la temperatura y la incidencia del coronavirus, es que puede inducir a mucha gente a pensar que los trabajos científicos apoyan la idea de que la llegada del verano pudiera propiciar una tregua en la lucha contra la COVID 19, haciéndola más llevadera que en las estaciones más frescas. En este sentido los investigadores advierten “las autoridades no deben basar el principio de acción en este tipo de resultados de investigación, pues también deberían estar sujetos a cuarentena, en cuanto a evidencia científica se refiere”. La realidad es que los estudios científicos publicados no demuestran nada de eso y, de hecho, no existe ningún fundamento sólido que apoye esa hipótesis. En este punto, los investigadores ampliaron el alcance del trabajo realizado a través de una amplia discusión en la que reconocen la contribución de numerosos investigadores que también ponen en tela de juicio el supuesto efecto de las condiciones atmosféricas sobre la distribución del SARS CoV-2 y el avance de la COVID-19. En este sentido, los autores indican “si consideramos la comunidad científica en su conjunto, y especialmente a los científicos comprometidos con los principios que se rigen por el máximo rigor en la aplicación del método científico en sus respectivos campos, predomina la discusión crítica acerca de los indicios encontrados, así como una enorme prudencia o principio de precaución con respecto a las acciones que deben conducir la gestión de la pandemia”.  En este sentido, los autores recomiendan a aquellos que quieran profundizar sobre la complejidad del problema, acudan a los trabajos mencionados en el apartado de discusión de este artículo de revisión.

De acuerdo con los autores de este trabajo de revisión, “La consecuencia de nuestra revisión de la literatura científica es clara: en relación con el clima, hay que mantener exactamente las mismas medidas contención y distanciamiento social, con la misma intensidad y aplicando los mismos criterios sanitarios que en cualquier otra estación. No hay ningún motivo para relajarse y bajar la guardia: la guerra contra la enfermedad continúa y, hasta el momento, no hay ninguna evidencia de que el verano pudiera representar una tregua”.

 

Fuente:  Referencia: Gutiérrez-Hernández, O., & García, L.V. (2020). ¿Influyen tiempo y clima en la distribución del nuevo coronavirus (SARSCoV-2)? Una revisión desde una perspectiva biogeográfica. Investigaciones Geográficas, en prensa. https://doi.org/10.14198/INGEO2020.GHVG