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Se acerca el momento de la economía del Hidrógeno

Los gobiernos deberían emplear algunos de los billones asignados para las inversiones destinadas a estimular la economía con posterioridad al coronavirus para desarrollar esta tecnología ecológica.

  Aglo más que aire caliente. Fotógrafo: Chris Ratcliffe / Bloomberg / Getty Images

 ¿Qué tipo de estímulo verde necesita el mundo?

Las tecnologías que reducen las emisiones de carbono son uno de los objetivos más efectivos para los billones de dólares de gastos vinculados a los programas de salida del coronavirus, según han concluido los más de 200 banqueros centrales, ministros de finanzas del Grupo de los 20 y académicos destacados en un estudio publicado la pasada semana.

Hay tres conjuntos de tecnologías de energía limpia en las que los responsables de la formulación de políticas pueden centrarse, cada uno en diferentes etapas de desarrollo. Los más avanzados son la eólica y la energía solar, que son más económicas de implantar que la energía convencional en casi todo el mundo y en muchos lugares son incluso más baratas que los generadores de combustibles fósiles existentes.

Probablemente, la mejor manera para que los gobiernos aumenten la participación de la generación eólica y solar es alentar la construcción de redes de transmisión y reformar los mercados de energía para reducir las ventajas de los combustibles fósiles, al tiempo que dejar la financiación y la construcción real a inversores privados.

La puesta de sol

La puesta en marcha de nuevas energías renovables es más barata que la energía obtenida a base de la quema de combustibles fósiles en la mayoría de los países más desarrollados.

  Nota: Muestra la forma de energía solar de menor costo, que no es de seguimiento, excepto en los EE. UU. Según el costo nivelado de energía, cifras para el segundo semestre de 2019.

A renglón seguido tenemos el tema de las baterías de iones de litio. Estas se encuentran en una etapa temprana de desarrollo y no son muy competitivas con las tecnologías existentes. En la mayoría de países, todavía cuesta más proporcionar energía de reserva  a la red con una batería de apoyo que con una turbina de gas, y el costo de un automóvil eléctrico es sustancialmente más caro que el equivalente impulsado por gasolina.

No obstante, se están haciendo grandes avances: los vehículos eléctricos son mucho más baratos de mantener que los convencionales, y las baterías suficientemente grandes ya pueden competir con el gas cuando se integran con generadores eólicos y solares, para poder afrontar los picos nocturnos de demanda de energía. Como resultado, las baterías están en vías de poder competir con las tecnologías convencionales a mediados de la próxima década.

Es tentador concluir que los fundamentos de la energía limpia son tan positivos que apenas necesita apoyo. Eso pasa por alto el hecho de que la generación de energía y los automóviles particulares son una parte sorprendentemente pequeña de las emisiones mundiales.

Si ambos sectores pasaran mañana completamente a energías con cero emisiones de carbono, solamente habríamos eliminado alrededor del 40% al 50% de nuestra producción de carbono. Otro 25% proviene del uso de la tierra y la agricultura, pero el lugar donde los gobiernos podrían hacer el mayor énfasis es en el 20% de las emisiones que provienen de actividades industriales.

Botella medio vacía

La descarbonización completa de los sectores de la electricidad y los automóviles particulares aún dejaría intacta la mitad de las emisiones mundiales de CO2.

 

 Fuente: AIE, Proyecto Global de Carbono Nota: La mayoría de las cifras corresponden a 2017, el uso de la tierra en 2019. GT = gigatoneladas, mil millones de toneladas métricas. "Otros" incluye edificios residenciales, servicios comerciales y públicos, y energía utilizada en la minería de carbón y refinación de petróleo.

La tercera tecnología es la que tiene más interés en estos momentos. El hidrógeno verde, producido al separar las moléculas de agua con una corriente eléctrica procedente de energía renovable, se encuentra en una etapa de desarrollo similar a la eólica y solar a mediados de la década de los 2000.

El hidrógeno tiene potencial en una variedad de usos industriales donde las energías renovables tradicionales no son adecuadas, como la fabricación de acero, cemento y camiones pesados. Si se almacena bajo tierra, incluso podría proporcionar energía de respaldo para las redes eléctricas.

BloombergNEF estima que el hidrógeno podría satisfacer el 24% de las necesidades energéticas mundiales para 2050, con ventas anuales de doscientos mil millones a setecientos mil millones de dólares USA. En el extremo superior, eso es casi la mitad del tamaño del mercado petrolero actual, donde la facturación suele ser de aproximadamente 1,5 billones de dólares o más al año (este año, no es imposible que la escasez de demanda y los precios bajos provoquen que los ingresos caigan por debajo de un billón de dólares USA).

Solo hay un problema: la gran cantidad de energía necesaria para producirlo. BloombergNEF estima que se necesitarían 31.320 Teravatios-hora (Twh) de electricidad para alcanzar su objetivo del 24%. Eso es más que los aproximadamente 26.000 TWh que el mundo entero generó entre todas las fuentes el año pasado, de los cuales solo 10.000 TWh provienen de fuentes sin emisiones de carbono. La energía eólica y solar representan menos de 3.000 Twh.

Si eso parece tremendamente ambicioso, vale la pena recordar que las energías renovables que compiten con los combustibles fósiles en precio también parecían inviables hasta hace muy poco. La influyente revisión de 2006 de la economía climática del economista Nicholas Stern argumentó que no debería esperarse que sea posible hasta la década de 2030 al menos.

Lo que indujo el cambio fue la diversidad de políticas inductoras de consumo respaldadas por los gobiernos durante las décadas de 2000 y 2010, que dieron fuertes incentivos para construir más capacidad eólica y solar, como las tarifas de suministro de Alemania para la energía solar y los estándares de contrato renovable de EE. UU. para la energía eólica. Probablemente fueron más importantes que el gasto en investigación y desarrollo para el despegue de las energías renovables. Una vez que una tecnología está relativamente madura, la mejor manera de reducir los costes no es hacer avances en el laboratorio, sino simplemente construir fábricas mucho más grandes.

¿Cómo sería esa política para el hidrógeno? Los gobiernos deberían proporcionar ayudas para llevar el coste del hidrógeno verde por debajo de las fuentes convencionales de energía. Las industrias de camiones, acero y cemento deberían recibir mandatos que las obliguen a cambiar, digamos, el 30% de la producción a energía de hidrógeno para 2030. Las subvenciones durante la próxima década deberán totalizar ciento cincuenta mil millones de dólares USA, según BloombergNEF, pero eso es relativamente pequeño en el contexto de billones de gasto de estímulo.

BloombergNEF

Si tales políticas pueden situar al hidrógeno verde en el mismo círculo virtuoso de aumentos de demanda y disminución de costos, comenzará a avanzar en otros sectores, como la fabricación de fertilizantes, el almacenamiento de energía de la red y el envío de combustible. Incluso podría ofrecer una salida para las compañías petroleras afectadas en el mundo, cuya infraestructura y experiencia podrían transferirse de una industria emergente a un nuevo campo de crecimiento.

El hidrógeno verde no resolverá todos nuestros problemas. A corto plazo, el dinero de estímulo probablemente se gaste mejor en actividades rutinarias que hacen que la mano de obra menos cualificada se emplee, como aislar casas e instalarlas con paneles solares. Sin embargo, a largo plazo, el hidrógeno ofrece una salida a nuestra triple crisis de débil demanda posterior al coronavirus, un sector energético en decadencia y el cambio climático. 

1David Fickling es columnista de Bloomberg Opinion que cubre informaciones sobre productos, así como empresas industriales y de consumo. Ha sido reportero de Bloomberg News, Dow Jones, Wall Street Journal, Financial Times y The Guardian.

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