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LA METEOROLOGÍA EN LA BIBLIA. VII

Josué ordenando al sol que se detenga. C. 1840. John Martin. Yale Center for British Art

El interés por la predicción meteorológica es inherente al ser humano. Desde sus orígenes, primero como cazador y recolector y posteriormente como agricultor y ganadero, su actividad diaria estaba condicionada por el tiempo. En base a la relación causa-efecto, pronto comenzó la búsqueda de reglas empíricas o indicios que permitieran conocer el tiempo futuro.  Generalmente se basaban en la observación de las nubes, fenómenos ópticos como el halo y el viento.  En los “Meteorológicos” de Aristóteles, se mencionan varias de estas reglas.

Halo solar. Foto Rubén del Campo.  Definición en meteoglosario AEMET

Una de ellas se refiere a la observación del halo circular que se forma alrededor del sol o la luna: Siendo nítido, si aparece completo es signo de lluvia mientras que si está fragmentado es signo de viento. Si aparece fragmentado y poco nítido es signo de buen tiempo. La explicación científica es similar a la que ofreceremos al final de este capítulo, cuando hablemos de los “arreboles”, también utilizados como presagios del tiempo.

El registro continuado durante años del tiempo asociado a cada una de las distintas direcciones del viento, permite establecer algunas reglas de predicción empírica válidas para esa zona. En el caso de “Los Meteorológicos” entendemos que son válidas para Grecia y zonas próximas.

…..pues el viento del sur da buen tiempo, el del norte, en cambio, tiempo invernal;…..

Y por eso son más salobres las aguas (lluvias) del sur y las primeras otoñales: pues el viento sur es el más cálido, tanto en magnitud como en fuerza y, sopla de lugares secos y cálidos  y, por consiguiente, con poco vapor.

….el norte, en cambio, al venir de lugares húmedos, es rico en vapor, y por ello mismo, frío; y por apartar las nubes, es despejado aquí, mientras que en los lugares contrarios a éstos es lluvioso. De manera semejante, el viento sur es despejado para los habitantes de Libia.

Los huracanes se producen sobre todo en otoño, y después en primavera, y  los producen sobre todo el aparctias, el trascias y el argestes. La causa es que los huracanes se producen sobre todo cuando, estando algunos de los otros vientos soplando, éstos irrumpen sobre ellos; también la causa de esto se ha dicho anteriormente.

Al margen de estas reglas empíricas, más o menos acertadas, la teoría aristotélica fallaba estrepitosamente al considerar que los vientos podían soplar hacia el interior de la Tierra originando terremotos, que los cometas determinaban la intensidad y la duración de los vientos o que éstos influían en los eclipses.

En los textos de Homero, “La Iliada” y “La Odisea”, como vimos en el capítulo I se mencionan los cuatro vientos: el “Bóreas” de componente norte,  el “Euro” de componente este, el “Noto” de componente sur y el “Céfiro” de componente oeste, vientos que eran gobernados por los respectivos dioses del mismo nombre según la mitología griega.  Estos vientos (dioses) estaban asociados a distintos tipos de tiempo, como vimos en las referencias del capítulo 1, a las que añadimos las siguientes:

Como cae de las nubes la nieve ó el helado granizo, á impulso del Bóreas, nacido en el éter; tan rápida y presurosa volaba la ligera Iris.

Sobrevino una noche mala, glacial; porque soplaba el Bóreas, caía de lo alto una nieve menuda y fría, como escarcha, y condensábase el hielo en torno de los escudos.

Bóreas raptando a Oritía. Pedro Pablo Rubens.

En esta obra de Rubens podemos ver al fornido y alado dios Bóreas raptando a la mortal Oritía, de quien se había enamorado, mientras sopla su gélido viento con los carrillos henchidos. Al fondo se observa una espesa nube, quizás un nimbostrato, de la que caen copos de nieve. Los querubines que le acompañan parecen jugar arrojando bolas de nieve.

En los textos bíblicos también existen referencias a la predicción meteorológica, tanto a corto plazo como a muy corto plazo. Como hemos mencionado en capítulos anteriores, en el Mediterráneo oriental, los temporales de lluvia se deben generalmente a depresiones que se desplazan con el flujo del oeste, es decir, con flujo de poniente, mientras que las olas de calor (“sharav”) se producen con viento del este, sureste o sur.

Lucas,12

54 Y decía también a la gente:

Cuando veis una nube que sale del poniente,

enseguida decís: Lluvia viene; y así sucede.

55 Y cuando sopla el viento del sur, decís:

Hará calor; y lo hace.

56 ¡Hipócritas! Sabéis distinguir el aspecto del cielo

y de la tierra, ¿y cómo no distinguís este tiempo?

También comentamos que en Israel y zonas próximas, el viento del NE asociado al anticiclón siberiano suele ser frío y seco, sin lluvias. Sin embargo el flujo del NW marítimo puede producir lluvias orográficas en las montañas costeras.

Proverbios,25

23 El viento del norte trae la lluvia,

la lengua calumniadora, el rostro airado

En el capítulo V mencionábamos que en el texto bíblico, al margen del Diluvio Universal, en pocas ocasiones se describe la ocurrencia de los meteoros durante el transcurso de la acción (en aquella ocasión relatábamos la nevada en Moab). En los versículos que aparecen a continuación también llueve de forma explícita.

El rey Acab de Israel, casado con la fenicia Jezabel, reinaba con iniquidad idolatrando dioses paganos. Como castigo divino, el profeta Elías vaticina una sequía que durará varios años. Tras este anuncio, huye y vive escondido, alimentado por cuervos y bebiendo de un arroyo. Al cabo de tres años, realiza varios milagros (resucitando a un niño) y desafía en el monte Carmelo a los profetas del dios Baal. El reto consiste en que invoquen a su dios para que prenda fuego a la leña del altar donde se le ofrece como sacrificio un buey. Fracasado el intento pagano, Elías invoca a su dios Jehová, que prende fuego a la leña bajo otro altar, sobre el que previamente se había derramado agua en tres ocasiones.

Reyes-1,18

8 Entonces cayó  fuego de Jehová, el cual consumió el sacrificio,

y la leña, y las piedras, y el polvo, y aun lamió el agua que estaba en la zanja.

Posteriormente Elías dió la orden de prender a los 450 profetas de Baal, siendo degollados al pie del monte Carmelo, en el arroyo Cisón.

El relato continúa con una  observación meteorológica,  que bien podría ser  un ejemplo de vigilancia meteorológica y predicción a muy corto plazo o nowcasting. Una vez infringido el castigo, tras los tres años de sequía vuelve la lluvia. Elías, para confirmar el pronóstico,  envía a su criado a realizar las funciones de atento observador meteorológico a la cima de un monte.

Reyes-1,18.     

43 Y dijo a su criado: Sube ahora y mira hacia el mar.

Y él subió y miró, y dijo: No hay nada.

Y él le volvió a decir: Vuelve siete veces.

 44 Y a la séptima vez dijo: Yo veo una pequeña nube, como

la palma de la mano de un hombre, que sube del mar.

Y él dijo: Ve y di a Acab:

 Prepárate y desciende, para que la lluvia no te detenga.

 45 Y aconteció que, estando en esto, los cielos se oscurecieron con

nubes y viento y hubo una gran lluvia.

Y subió Acab al carro y fue a Jezreel.

Elías también profetizó la muerte de Ocozías, rey de Israel e hijo de Acab. Éste envió soldados para prenderle en su morada, en la cima de un monte, pero más de 100 soldados son abrasados en dos tandas y consumidos por el “fuego del cielo”.

Reyes-2,1

11 Volvió el rey a enviar a él otro capitán de cincuenta con sus cincuenta;

y le habló y dijo: Oh hombre de Dios, el rey ha dicho así: Desciende pronto.

12 Y Elías le respondió y dijo: Si yo soy hombre de Dios, descienda fuego del cielo y te consuma con tus cincuenta. Y descendió fuego del cielo que lo consumió a él y a sus cincuenta.

Como aficionados a la meteorología, nos gustaría pensar que el “fuego de Jehová” o el fuego del cielo descrito se trataba de un rayo, aunque no se menciona que se percibiera el trueno o el relámpago. Sin embargo, los profetas paganos aceptaron el desafío sin condiciones, algo que se comprende perfectamente si se tiene en cuenta que Baal era el dios de la tormenta para los cananeos.

San Elías. Anónimo. Siglo XVIII. Museo Nacional del Prado.

La iconografía del profeta Elías suele incluir una espada ardiente, en alusión al violento primer episodio, como se observa en esta obra de autor anónimo perteneciente al Museo del Prado, donde el profeta sujeta firmemente una espada de fuego a la vez que es hendida en la base sombría de un cumulonimbo, donde parece “cargarse” de energía.

El pintor sevillano Valdés Leal representa al profeta Elías con una iconografía un poco distinta.  Aparece con un manojo de rayos en la mano derecha, mientras fija la mirada en un cielo plomizo y tormentoso. En una especie de diorama, un poco confuso, parece que se representan ambas escenas. Al fondo los dos altares, uno ardiendo y el otro no, a sus pies varios personajes abatidos, un grupo de soldados que se acercan al profeta, y a los pies de éste, yacen inertes en el suelo dos personajes, uno probablemente sea un soldado a juzgar por sus botas, y el otro posiblemente esté decapitado, ya que se observa una cabeza en el suelo al lado del profeta.

Elías y los profetas de Baal. Juan de Valdés Leal

El “fuego de Jehová” también se menciona en la destrucción de las ciudades de Sodoma y Gomorra. En el capítulo V citamos como Jehová anuncia a Abraham la destrucción de estas ciudades por sus clamorosos pecados (Génesis,18). Lot, sobrino de Abraham que vivía en Sodoma, acoge a los dos ángeles encargados de la destrucción. Éstos conminan a Lot, su mujer y sus hijas a que huyan rápidamente, sin detenerse ni mirar atrás, y Lot se dirige a la próxima ciudad de Zoar, confiando en la promesa de los ángeles de que ésta no será destruida.  Al llegar allí comienza la catástrofe, su esposa se gira y mira atrás, tal vez al escuchar los truenos o ver el resplandor de los relámpagos, convirtiéndose en estatua de sal.

Génesis,19

23 El sol salía sobre la tierra cuando Lot llegó a Zoar.

24 Entonces hizo llover Jehová sobre Sodoma y sobre Gomorra  azufre y fuego de parte de Jehová desde los cielos;

25 y destruyó las ciudades y toda aquella llanura, con todos los moradores de aquellas ciudades y el fruto de la tierra.

26 Entonces la esposa de Lot miró atrás, a espaldas de él, y se volvió  estatua de sal.

———

Mientras, Abraham contemplaba el desastre y la llanura humeante desde la distancia

Génesis,19

28 Y miró hacia Sodoma y Gomorra,

y hacia toda la tierra de aquella llanura;

y miró, y he aquí que el humo subía de la tierra

como el humo de un horno

Sodoma y Gormorra. Jacob Jacobsz. 1680. Hessisches  Landesmuseum Darmstadt – Darmstadt, Germany

Las ciudades de Sodoma y Gomorra se ubicaban en las proximidades del mar Muerto, y pese a que han aparecido restos arqueológicos, no existe consenso en la localización exacta, incluso es probable que se encuentren sumergidas en el actual mar Muerto. Esta región, aunque actualmente sea árida, probablemente tuviera mayor vegetación en el clima más húmedo de los tiempos bíblicos, de hecho Lot la describe como zona de riego muy fértil (Génesis, 13:8). Incluso a principios del siglo XIX presentaba una abundante vegetación con arbolado, de acuerdo al diario de viaje de los capitanes de la Armada inglesa Irby y Mangles, de los que hablaremos más adelante.

El mar Muerto, y  en concreto este episodio, han llamado la atención de los investigadores desde hace siglos, tratando de justificar la catástrofe por causas naturales. El matemático, astrónomo y geógrafo Eratóstenes en el siglo III a.C. estipulaba que el mar Muerto era más extenso y se había ido rellenando por los restos de erupciones volcánicas. Sin embargo, el filósofo Strabo en el siglo I d. C. , menciona la destrucción de trece ciudades, incluyendo a las cinco que cita la Biblia (Pentápolis), como resultado  de los terremotos y erupciones de fuego y de las aguas del mar que contienen asfalto y azufre , que habrían hecho desbordarse las aguas engulliendo a algunas ciudades, mientras otras habría sido abandonadas. Su contemporáneo el historiador judeo-romano Flavio Josefo (Josephus) encuentra la causa de la destrucción en los rayos. Otras teorías apuntan como causas probables el impacto y explosión de un asteroide o meteorito, un gran terremoto o una erupción volcánica.  Estas teorías deberían de justificar además de la destrucción de las ciudades, la aparición de la “lluvia de fuego y azufre” y el “humo extenso y generalizado proveniente de la tierra” que observó Abraham.

El entorno del mar Muerto constituye una profunda depresión tectónica, en la falla existente entre las placas Africana y de Arabia que se orienta con dirección norte-sur en una extensión de casi 1000 km. Esta falla pudo estar activa dando lugar a terremotos, con la erupción de magma y material piroclástico (fuego y azufre) (Bergoeing,2018),  o provocando deslizamientos de tierra que destruyeran las ciudades al disminuir la resistencia del suelo por la licuefacción (Neev y Emery, 1995) (Harris y Beadrrow,1995). Estas avalanchas sobre el mar Muerto también podrían haber provocado una especie de tsunami que contribuyera a la destrucción.

Otra teoría está basada en el reciente hallazgo de una tabla cuneiforme sumeria (datada en 700 a.C.) que describe el impacto de un gran asteroide en 3123 a.C. , relacionándolo con los restos de un evento similar ocurrido en los Alpes austriacos (Köfels), que provocó una gran avalancha de rocas. Según  Bond y Hempsell (2008) el enorme asteroide (1 km de diámetro) entró en la atmósfera terrestre con un pequeño ángulo de elevación, y tras impactar en una cumbre de los Alpes continuó como una enorme bola de fuego de 5 km de diámetro, cuyo resultado fue la avalancha de rocas de los Alpes. La enorme bola de fuego  acabó aterrizando en la región de Oriente Próximo. La mayor objeción a esta teoría es que el episodio de Köfels está datado geológicamente mucho antes (en torno a 7800 a.C.).

Quizás una de las teorías más aceptadas sea la expuesta por Lewis (2012), que atribuye la destrucción de ambas ciudades a la caída de un meteorito. Esta última teoría es corroborada por Collins y Silvia (2017), en base al estudio de restos arqueológicos. La explosión de un enorme meteorito antes de impactar en el suelo en las proximidades del mar Muerto provocó según estos autores la destrucción de las ciudades y  la expansión de salmuera procedente del salado mar Muerto que causo la infertilidad durante siglos de los campos agrícolas,  datando el suceso hace aproximadamente 3700 años.

En los últimos años siguen surgiendo nuevas teorías, sin embargo nuestro interés está en retomar la expuesta por el exégeta  teólogo suizo Jean Le Clerk (1657-1733), que publicó en 1696 la obra “Twelve Dissertations Out of Monsieur Le Clerk’s Genesis”. El abate Bergier, en su Diccionario de teología (1846) muestra una teoría similar.

Orilla del mar Muerto. Autor Mujaddara.

Desde hace miles de años en esta zona hay presencia abundante de arenas bituminosas (arenas petrolíferas o de alquitrán) y depósitos de alquitrán o asfalto (Génesis,14:10). De forma natural en el mar Muerto (también llamado Lago Asphaltites), debido a  la gran salinidad y por tanto elevada densidad de sus aguas, afloran periódicamente placas de alquitrán. Estas materias, adecuadamente tratadas y de las que se extraía brea o betún, se comercializaban y estaban muy cotizadas. El “betún de Judea” (quizás una de las primeras marcas o denominaciones de origen de la Historia) era usado por los egipcios en el proceso de embalsamamiento de las momias y como fármaco para la curación de heridas. Por sus propiedades impermeabilizantes la brea se usaba en el calafateo de embarcaciones (en la Biblia se menciona su aplicación en el arca de Noé -Génesis,6:14- y en la arquilla o cesto en el que se abandonó al recién nacido Moisés en el río -Éxodo,2:3, o como cemento en la construcción -Génesis 11:3-). El éxito de la comercialización de estos productos derivados del petróleo contribuyó al desarrollo y prosperidad de las ciudades de Sodoma y Gomorra en torno a estos yacimientos.

Según Le Clerk, el bitumen es altamente inflamable y además contiene azufre , por lo que en caso de ser alcanzado por  una descarga eléctrica podría arder con espeso humo y un peculiar olor a azufre.  Goodarzi y Stasiuk (1991) encontraron evidencias en el suroeste de Irán de fragmentos de carbón originados por la combustión de bitumen, debido en este caso a incendios forestales.

El estadounidense Edward Robinson, un apasionado estudioso de la Biblia, realizó varios viajes a Palestina, publicando sus trabajos sobre arqueología y geografía bíblica.  En 1841 publicó en tres volúmenes su obra  “Biblical Researches in Palestine and Adjacent Countries”. Su teoría sobre la destrucción de Sodoma y Gomorra, que ubica al sur del mar Muerto, contempla la concurrencia de actividad sísmica, volcánica y eléctrica. Un movimiento sísmico originaría la elevación de la parte sur del mar, engullendo las aguas desbordadas a las ciudades y a los pozos de bitumen que cita la Biblia y que actualmente no existen. Previamente,  la actividad volcánica habría producido la lluvia de azufre y las descargas eléctricas, que prenderían las grandes extensiones de bitumen que rodeaban las ciudades, en un humeante y extenso incendio.

Las densas nubes o plumas volcánicas originan en algunas ocasiones descargas eléctricas (relámpagos volcánicos). Aunque no se han estudiado en profundidad, se considera que se producen de forma similar a las que ocurren en la nubes cumulonimbo, en este caso las partículas se cargan electrostáticamente por rozamiento y los campos electromagnéticos separan los centros de carga, surgiendo las descargas eléctricas.

Erupción del volcán Taal con descarga eléctrica.

Esta nube, que también se forma en los grandes incendios forestales se denomina Cumulonimbus calvus flammagenitus (también llamado oficiosamente pyrocumulonimbo),  y su peligrosidad es alta, ya que dificulta las tareas de extinción por las ráfagas de viento superficial que genera (frente de racha), incluso en el caso de generar descargas eléctricas éstas pueden provocar nuevos incendios.

http://media.bom.gov.au/social/blog/1618/when-bushfires-make-their-own-weather/

Según la bibliografía consultada parece poco probable una actividad volcánica intensa que encaje cronológicamente con el evento y además, no siempre se producen descargas eléctricas en las erupciones volcánicas. Sin embargo, aunque no son muy frecuentes, en las proximidades del mar Muerto se producen tormentas, como vimos en el capítulo 1.

En la obra de Carl Ritter publicada en 1865, “The Comparative Geography of Palestine and the Sinaitic Peninsula”, se describen densas nubes formadas por la intensa evaporación y chubascos torrenciales.  Los capitanes de la Armada inglesa Irby y Mangles, anteriormente citados, iniciaron en 1816 un viaje de cuatro años por Oriente Medio. Como marinos se interesaban por el tiempo, describiendo tormentas primaverales en el valle del Jordan y violentas lluvias en las inmediaciones del mar Muerto, del que destacan la intensa evaporación, en “columnas transparentes con aspecto de trombas marinas”. (Travels in Egypt and Nubia, Syria and the Holy Land, 1844)

Recientemente, el 26 de abril de 2018 se produjeron intensos desarrollos convectivos y fuertes precipitaciones en esta zona, que lamentablemente dejaron un triste balance de 10 jóvenes excursionistas fallecidos por una riada. En las imágenes del satélite Acqua se observa el verdoso mar Muerto y la severidad de las tormentas.

Imagen Acqua/Modis del 26 (izqda..) y del 27 (dcha.) de abril de 2018. Fuente: NASA/ EOSDIS WORLDWIDE

La situación meteorológica de este evento se describe en este breve informe de EUMETSAT: https://www.eumetsat.int/website/home/Images/ImageLibrary/DAT_4038669.html

Las tormentas dejan un olor característico por la formación de ozono, en ocasiones confundido con el olor a azufre (en realidad el mal olor procede del ácido sulfhídrico). Este olor, acompañado de humo, sí se describe en algunas de las escasas ocasiones en que se han observado los extraños rayos globulares o rayos en bola.

Finalizamos la descripción de este episodio con esta obra del pintor John Martin, donde podemos observar la ciudad de Sodoma destruida y en llamas, a la  vez que un zigzagueante rayo impacta en el suelo mientras Lot y su familia huyen