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La ONU esgrime las alertas científicas para urgir a los países a actuar

Antònio Guterres azuza a los Gobiernos para que aceleren sus recortes de gases de efecto invernadero.

Guterres ha admitido la “frustración” que supone el ritmo tan lento con el que se avanza en la lucha contra el cambio climático. Sobre todo, ha recordado, porque ya “existen las herramientas tecnológicas” para poder transformar la economía mundial y que el planeta se desenganche de los combustibles fósiles, los principales responsables de los gases de efecto invernadero que sobrecalientan el planeta.

Los negociadores de los 200 países que han acudido a Madrid discutirán durante dos semanas cómo terminar de desarrollar el Acuerdo de París. Ese pacto establece que todos los firmantes deben presentar planes de recorte de emisiones suficientes para que el incremento de la temperatura por el cambio climático, que ya no se puede revertir, se quede dentro de una zona de seguridad: en un aumento medio de entre 1,5 y 2 grados respecto a los niveles preindustriales. En estos momentos, ya estamos en un grado de incremento y, con los planes de recorte de emisiones que existen ahora, se superarán ampliamente los 3 grados.

Por lo tanto, el mundo no está en camino para cumplir París y evitar los efectos más dañinos del calentamiento. Las emisiones deberían alcanzar un máximo en 2020 y empezar a caer rápidamente a partir de ese momento, ha advertido Hoesung Lee, presidente del IPCC, el panel internacional de expertos que asesoran a la ONU en asuntos de cambio climático. Sin embargo, la previsión es que esas emisiones sigan creciendo al menos hasta 2030. 

 

“Estamos en una situación de crisis real”, ha recalcado Lee cuando ha repasado los tres informes especiales que en el último año ha presentado el IPCC. “Los impactos son mucho más graves de lo que pensábamos”, ha insistido. Lo más positivo es que desde esa misma ciencia se pone sobre la mesa qué se debe hacer. “Necesitamos un cambio urgente”, ha resumido Lee.

Guterres ha ido un paso más y ha concretado algunas de las medidas que se necesitan para lograrlo: eliminar los subsidios multimillonarios que los Gobiernos dan a los combustibles fósiles, poner un precio a las emisiones de dióxido de carbono, que no se construyan más plantas de carbón a partir de 2020 y que los países se comprometan a alcanzar la neutralidad climática en 2050. Ese último punto supone que para mediados de siglo se necesita que los gases emitidos sean los mismos que los absorbidos por la naturaleza (a través, por ejemplo, de los bosques). Guterres ha puesto en el foco al G-20, que acumula más del 75% de todas las emisiones globales. La mayoría de sus miembros no ha asumido la meta de la neutralidad climática para 2050 todavía. Ni siquiera la Unión Europea, que históricamente ha liderado la batalla climática, ha podido fijarse ese horizonte aún.

Sánchez ha pedido que Europa —que capitaneó la revolución de los combustibles fósiles— sea ahora la que también encabece esta transición. Y la prueba de fuego es la asunción de la neutralidad climática para 2050. En dos de las tres principales instituciones europeas hay un apoyo decidido a ese objetivo. Lo ha pedido ya en varias ocasiones el Parlamento Europeo —la última vez la semana pasada— y la Comisión también aboga por lo mismo. De hecho, la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, ha anunciado en Madrid que en marzo propondrá “la primera ley europea sobre el clima” para hacer “irreversible la transición a la neutralidad climática”. El problema es que esa norma no podrá salir adelante si la tercera institución en discordia —el Consejo, es decir, los Veintiocho— no aceptan la meta de la neutralidad de carbono en 2050.

En junio se intentó y se fracasó por la oposición de tres países: Polonia, República Checa y Hungría. El 12 y 13 de diciembre, justo en los días finales de la COP25, los Veintiocho se volverán a reunir para intentar fijarse ese objetivo a largo plazo y volver a encabezar una lucha climática de la que los otros grandes emisores —EE UU, China, India o Japón— están ausentes o arrastrando los pies. “Nuestro objetivo es ser el primer continente climáticamente neutro de aquí a 2050”, ha remarcado Von der Leyen, cuyo primer acto oficial ha sido precisamente su asistencia a la COP25.

Fuente: Elpais