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El 'poderoso' metano irrumpe en el calentamiento global

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Un estudio recientemente publicado en la revista Science pone la lupa sobre el metano, un poderoso gas de efecto invernadero que está aumentando mucho más de lo previsto. Y lo peor es que no podemos hacer casi nada para evitarlo.

Las vacas y otros animales rumiantes son fuentes de metano, un poderoso gas de efecto invernadero.

Un estudio recientemente publicado en la revista Science concluye que las medidas pactadas en el Acuerdo de París, con tal de reducir el calentamiento global a medio y largo plazo, son insuficientes. Todo por culpa del metano, un gas de origen natural que tiene la facultad de calentar el planeta de forma mucho más eficiente que el dióxido de carbono (CO2). Podemos regular las emisiones del CO2 pero difícilmente las de metano, cuyo origen es casi un misterio para el ámbito científico. Supuestamente, desde que se firmó el tratado debería estar perdiendo presencia en la atmósfera. Eso se preveía. Sin embargo, en los últimos años se ha disparado, sobre todo a partir de 2014.

El metano se descompone en la atmósfera más rápido que el dióxido de carbono, pero una sola molécula, en un lapso de cien años, es capaz de causar entre 28 y 26 veces más calentamiento que otra de CO2. Según la investigación, la concentración de metano en 2017 ya era de 1,850 partes por billón (ppb) frente a las 1,775 ppb que se cuantificaron en 2006. Esto obligará a revisar las medidas del Acuerdo de París para mantener el calentamiento global por debajo de los 2 ºC este siglo. ¿Qué se puede hacer? Frente al metano más bien poco, pero el ascenso de la temperatura se podría frenar con recortes drásticos en otros gases de efecto invernadero.

El misterio del metano

El misterio está sobre todo en su cuantía, el origen parece claro. Un estudio de 2017 puso en la mirilla a las vacas y otros animales rumiantes, que emiten metano cuando digieren los alimentos. A ellos se atribuye el 50% del incremento de los últimos años. La parte restante podría salir de los humedales, de la quema de combustibles fósiles o de la agricultura. Preocupan sobre todo las fuentes que no podemos controlar, como las mencionadas zonas húmedas o el permafrost. El aumento de temperaturas incrementará estas emisiones ‘biogénicas’ y, además, podría inducir cambios en la química atmosférica capaces de ralentizar el proceso de descomposición del metano.

 Si continúa el ascenso de la temperatura global, la retirada del permafrost podría liberar gran cantidad de metano.

¿Qué es eso del permafrost?

El permafrost hace referencia al suelo permanentemente congelado de zonas muy frías, como la tundra ártica, de Islandia o la presente a orillas del mar de Bering, que baña Alaska y Siberia. En un clima más cálido el permafrost continuará perdiendo terreno y liberará el metano geológico que permanece aferrado al suelo. Si esto ocurre, muchos de los escenarios de calentamiento previstos para el futuro se quedarán muy cortos... y habrá sorpresas.

  ELTIEMPO. Juan José Villena