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Cambio climático y coronavirus: 'Nuestros deseos más básicos contaminan muy poco'

Hablamos con Andreu Escrivá, experto en cambio climático, sobre el impacto de la pandemia en el medio ambiente. ¿Ha cambiado algo con esta crisis?

 

(Producción: Pablo Cantudo)

El confinamiento al que se ha visto obligada gran parte de la humanidad a causa de la pandemia también ha tenido efectos sobre el medio ambiente. A todos nos han llegado imágenes de ciudades desiertas sin boinas de contaminación y de animales ocupando espacios antes solo reservados para el ser humano. Hace pocos días, además, se publicaba un estudio con datos preliminares en la revista Nature Climate Change que revelaba que, entre enero y abril de 2020, las emisiones globales medias de dióxido de carbono disminuyeron un 8,6 % en comparación con el mismo periodo del año anterior.

“Es cierto que estamos notando mejoras en algunos índices de calidad ambiental, tanto en el medio urbano como en territorios más naturalizados”, nos explica el experto. “Ahora bien, eso es muy distinto que decir que este parón, tan doloroso para mucha gente, es positivo para el medio ambiente, entre otras cosas porque las tendencias a largo plazo, por ejemplo en el caso del cambio climático, apenas se han visto modificadas. Es muy importante diferenciar entre lo que es la concentración de gases con efecto invernadero en la atmósfera y lo que es la emisión: podemos emitir un poco menos, pero la concentración va a seguir subiendo, porque no hemos dejado de emitir”.

Un posible efecto rebote

Una de las mayores preocupaciones en lo que a mitigación del cambio climático se refiere es la posibilidad de un efecto rebote en la salida de la crisis que haga que aumenten más aún las emisiones globales. “No se puede culpabilizar a nadie por querer reactivar la economía como sea. Otra cosa es que tengamos también la cabeza lo suficientemente fría para pararnos un momento a pensar en cómo queremos hacerlo”, reflexiona Andreu. “Esta crisis no tiene efectos positivos, ojalá no hubiera ocurrido, pero podemos aprovecharla. Lo que debemos hacer es, ahora que se está pensando en cómo se van a reactivar determinados sectores, intentar hacerlo de una forma distinta”.

“Creo que es importante marcar una diferencia: desde el movimiento ecologista y desde la ciencia climática se ha apuntado con insistencia en estos días que la normalidad era el problema. Eso es así: el ritmo que llevábamos antes de la pandemia es lo que estaba generando muchos de los procesos negativos relacionados con el calentamiento global. Yo creo que si algo nos ha enseñado esta pandemia y nos estaba enseñando también la crisis climática es que la protección ambiental es también la protección de la salud y de las personas”.

Un problema estructural

Hemos estado confinados, parece que todo se ha paralizado, y aun así las emisiones han disminuido de forma muy discreta. “Esto demuestra que tenemos unas emisiones estructurales que tenemos que cambiar. La generación de energía, por ejemplo, es una de las fuentes principales de emisión de gases con efecto invernadero, al igual que el sistema agroalimentario: la gestión del suelo que hacemos los humanos en todo el planeta es la segunda causa de calentamiento global, y hemos seguido comiendo y cultivando”.

“Hay una parte importante que podemos hacer nosotros, pero también hay que cambiar estructuras, no basta con actuar en nuestra parcela individual del día a día”, reflexiona el experto, que opina que, a pesar de todos los mensajes desalentadores que recibimos, podemos y estamos a tiempo de cambiar el rumbo. “Esta crisis climática no es tampoco una excusa para aterrorizarnos y no hacer nada”, insiste.

Redefinir el bienestar

Para combatir la crisis climática no hace falta confinarse ni hacer grandes renuncias. Quizás ha llegado el momento de replantearnos nuestras prioridades, y la dolorosa situación que estamos viviendo con la pandemia de COVID-19 también nos ha movido a redefinir lo que consideramos bienestar. “Ahora mismo, la mayoría de personas estamos expresando deseos muy bajos en carbono, pero muy altos en humanidad: estamos desando tocarnos, compartir unas cervezas, pasear, tener una cena divertida, hacer deporte juntos… son actividades muy poco contaminantes. Deberíamos ser capaces de construir un futuro distinto al que estábamos abocados a pesar de las buenas intenciones”.

“Estamos en un escenario muy complicado a nivel social, parece imposible ver con optimismo las salidas a esto, pero se pueden hacer cosas”, nos explica. “Lo importante es romper ese miedo a ‘la hoja en blanco’ y desbloquearnos”. No hay un libro de recetas, comenta Andreu, pero todos conocemos pasos que se pueden dar tanto a nivel individual como colectivo para disminuir nuestra huella ambiental.

Luchar por nuestro tiempo

“Hay una cosa muy importante: tenemos que empezar a luchar por nuestro tiempo. Por ejemplo, serían deseables otras condiciones laborales que nos van a permitir disminuir nuestra huella de carbono: semana laboral de 4 días, más teletrabajo, más conciliación, distintos usos de nuestro tiempo, más tiempo para no hacer nada… eso implica mucha reducción de huella de carbono. Una cebolla envuelta en plástico solo tiene sentido si alguien cree que no tiene tiempo para pesarla y comprarla suelta. Al final es todo una cuestión de tiempo”.

Fuente:  Victoria González