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Lo que nos enseñan las burbujas

Las burbujas de aire contenidas en el agua y el hielo permiten obtener mucha información, tanto meteorológica como climática. Los gorgoritos en los charcos arrojan pistas sobre la evolución de la lluvia, mientras que el aire atrapado en hielo primitivo permite hacer reconstrucciones paleoclimáticas.

Las burbujas pueden aportar información muy interesante del tiempo y el clima.

Son muchas las enseñanzas que nos pueden aportar unas simples burbujas de aire atrapadas en el seno de un determinado volumen de agua líquida o de hielo. Comencemos por una experiencia cotidiana, que seguro que has observado muchas veces. Tras haber llenado un vaso con agua fría del grifo, lo dejamos encima de la mesa de la cocina y nos olvidamos de él. Al cabo de un rato, volvemos donde está el vaso y observamos que, de forma espontánea, han aparecido pequeñas burbujas de aire en el líquido elemento ¿Qué ha pasado?

Lo primero que debemos de saber es que al verter agua desde un grifo a un vaso, el citado líquido lleva disuelta cierta cantidad de aire, que se ha incorporado a él tanto en su recorrido a través de las tuberías, como en el tramo final, al salir grifo, durante la operación de llenado. El agua fría del grifo está a una temperatura inferior a la ambiental, lo que permite la citada disolución del aire en el agua, siendo imposible advertir su presencia. Una vez que hemos llenado el vaso y pasa el tiempo, a medida que el agua se va calentando –en su intento por equilibrarse con la temperatura del aire que lo rodea–, aparecen las pequeñas burbujas, debido a que cambian las condiciones de solubilidad y el aire no es capaz de seguir disuelto en el agua. Esto no ocurre si el vaso de agua lo metemos en la nevera, ya que dentro de ella la temperatura es similar a la que tenía el agua en origen, manteniéndose el aire disuelto.