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Un nuevo estudio desvela cómo mata el nuevo coronavirus

En los casos más graves, el nuevo coronavirus responsable de la actual pandemia mata a la persona a la que infecta, paradójicamente, a través de una reacción exagerada de su sistema inmunitario, cuya función es precisamente combatir las infecciones. Esta es la principal conclusión del trabajo publicado por Frontiers of Public Health.

También los científicos de la Universidad de Zunyi, en China, dirigidos por el profesor Daishun Liu revisan la epidemiología, vía de la enfermedad, síntomas, diagnóstico y tratamiento actual de COVID-19 grave. Destacan el papel clave de una reacción exagerada potencialmente letal del sistema inmune en la progresión de la enfermedad.

Explican, paso a paso, lo que hasta ahora se sabe sobre cómo el virus infecta las vías respiratorias, se multiplica dentro de las células y, en casos graves, hace que las defensas inmunes se sobrepasen con una tormenta de citoquinas.

Esta tormenta es una sobreactivación de los glóbulos blancos, que liberan cantidades demasiado grandes de citocinas, moléculas estimulantes de la inflamación, en la sangre.

Tormenta de citoquinas

Las citocinas -según la American Cancer Society- son pequeñas proteínas, cruciales para controlar el crecimiento y la actividad de otras células del sistema inmunitario y las células sanguíneas. Cuando se liberan, envían una señal al sistema inmunitario para que cumpla con su función.

Afectan el crecimiento de todas las células sanguíneas y otras células que ayudan a las respuestas inmunitarias e inflamatorias del organismo. También contribuyen a aumentar la actividad contra el cáncer mediante el envío de señales que pueden ayudar a que las células anormales mueran y las células normales vivan más tiempo.

Un tipo específico de citocina se llama quimiocina. Una quimiocina puede provocar que las células inmunitarias se muevan hacia un objetivo. Hay diferentes tipos de quimiocinas, entre ellas interleucinas, interferones, factores de necrosis tumoral y factores de crecimiento.

Como señala el profesor Liu, de una forma parecida a lo que sucede después de la infección con SARS y MERS, los datos demuestran que los pacientes con COVID-19 grave pueden tener un síndrome de tormenta de citoquinas.

Así, las citocinas aumentan rápidamente y atraen un exceso de células inmunes como los linfocitos y neutrófilos, “lo que resulta en una infiltración de estas células en el tejido pulmonar y, por lo tanto, causan lesiones pulmonares”, explica este investigador.

La tormenta de citoquinas finalmente causa fiebre alta, goteo excesivo de los vasos sanguíneos, coagulación de la sangre dentro del cuerpo, presión arterial extremadamente baja, falta de oxígeno y exceso de acidez de la sangre, y acumulación de líquidos en los pulmones (derrame pleural).

Los glóbulos blancos están mal dirigidos para atacar e inflamar incluso el tejido sano, lo que lleva a la insuficiencia de los pulmones, corazón, hígado, intestinos, riñones y genitales (Síndrome de Disfunción Orgánica Múltiple, MODS).

Insuficiencia respiratoria o cómo mata el coronavirus

Esto puede empeorar y apagar los pulmones (Síndrome de Dificultad Respiratoria Aguda, SDRA) debido a la formación de la membrana hialina, compuesta por restos de proteínas y células muertas que recubren los pulmones, lo que dificulta la absorción de oxígeno. La mayoría de las muertes por COVID-19 se deben a insuficiencia respiratoria.

Al no existir aún una cura antiviral específica para COVID-19, el profesor Liu sugiere que el tratamiento debe consistir en combatir los síntomas, reducir la tasa de mortalidad mediante el mantenimiento intensivo de la función del órgano, por ejemplo, un sistema artificial de purificación de la sangre del hígado o una terapia de reemplazo renal.

Son especialmente importantes los métodos para complementar o reemplazar la función pulmonar, por ejemplo a través de ventilación mecánica no invasiva por medio de una máscara, ventilación a través de un tubo hacia la tráquea (si es posible con el refinamiento de la presión espiratoria final positiva, PEEP, donde el ventilador suministra presión adicional) al final de cada respiración para mantener abiertas las vesículas pulmonares, la administración de oxígeno calentado y humidificado a través de un tubo en la nariz (oxígeno transnasal de alto flujo) o un bypass corazón-pulmón.

Estos científicos concluyen su estudio de revisión destacando la importancia de prevenir las infecciones secundarias, ya que el SARS-CoV-2 también invade los intestinos, donde causa inflamación y fugas en el revestimiento intestinal, permitiendo la entrada oportunista de otros microorganismos causantes de enfermedades.

En este sentido, recomiendan que se prevenga con apoyo nutricional, por ejemplo con probióticos (bacterias beneficiosas que protegen contra el establecimiento de las dañinas), así como por nutrientes y aminoácidos para mejorar las defensas inmunitarias y la función del intestino.

Fuente: José María Fernández-Rúa